Primera | Valladolid 2 - Real Sociedad 2

Megía Dávila hizo del partido un disparate

El Valladolid acabó con ocho. Bizzarri falló un penalti y Karpin, otro

<b>SHOW MEGÍA</b>. El árbitro sacó trece amarillas, expulsó a tres jugadores del Valladolid y se inventó un penalti.
Javier Hernández
Redactor en el Diario AS desde 1992. Presentador, narrador y comentarista de Turf en TVE durante 16 años (2005-2021). Autor del libro 'Atleti somos nosotros'.
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Hay partidos que se tuercen hasta decir basta. El Valladolid-Real Sociedad fue un disparate al que contribuyeron un poco las circunstancias y un mucho el árbitro. Porque cuando a un árbitro le da por tener una mala tarde sólo se le asemeja un mal torero en Las Ventas. Megía Dávila dejó al Valladolid con ocho, sacó 13 amarillas y tres rojas, señaló un penalti de Kvarme que no fue y amenazó con la suspensión del partido porque Ricchetti, una vez expulsado, se negó dos veces a dejar el banquillo. Ataques de árbitro.

El factor lluvia creció a la Real, quizá por costumbre, y en los primeros diez minutos remató tres veces. Como el que ve llover sin inmutarse, el Valladolid se fue empapando hasta que se caló. La jugada más previsible de la Real, un pase de Xabi Alonso en profundidad a la velocidad de Nihat, dio paso al 0-1 y a la primera contradicción: un zurdo cerrado como Gabilondo marcando con la derecha.

Sólo dos minutos después llegó ese penalti que no fue. Como se lo pusieron tan fácil, el Valladolid decidió complicarlo eligiendo a Bizzarri como lanzador cuando no lo había hecho nunca. El portero lanzó un penalti párvulo, con la cabeza agachada y dibujando la trayectoria tres pasos antes golpear. Alberto lo despejó, claro. Lo mejor de la jugada fue la anécdota, refrescar el recuerdo, cuando Fenoy, aquel portero también argentino del Valladolid de los 70, era el mejor especialista desde los once metros. Fenoy sí marcó a la Real de penalti, en 1976, y a Arconada. Pero Bizzarri no es Fenoy.

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Fue cuando todo se tornó en lío y a la Real se le posó la victoria en la mano con un penalti que, éste sí, fue. Pero sopló en vez de cerrar el puño. Quien falla un penalti para ponerse 1-3 y jugando contra diez, acaba pagándolo. Esta ley no es universal, ni de Murphy, pero suele castigar casi siempre que se brinda. Falló Karpin y al poco Sales hizo el 2-2.

El Valladolid, con ocho tras las expulsiones, buscó la épica de la victoria pero acabó llorando su destino: le quema el descenso.

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