Yo digo Iñako Díaz-Guerra

Torres: mejor no preguntar

Iñako Díaz-Guerra
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Preguntar es malo. Al menos hacerlo en una relación en la que eres, claramente, el de menos calidad. Hay una ley infalible en la pareja por la que si comentas tres veces "te veo rara, ¿te pasa algo?", las dos primeras recibirás un rotundo "no" como respuesta. Y, claro, te confías. Así que, crecidito, insistes: "¿Seguro?". Ya estás muerto. Diez minutos después te han dejado. Por eso, en el tema Torres es mejor hacerse el tonto ante la obviedad: es demasiado bueno para el Atlético actual, otros equipos le tiran los trastos y, asumámoslo, lo normal es que se acabe marchando. ¿Qué hacer? Relajarse y disfrutar mientras dure. Y no preguntar. ¿Qué va a decir?: "Pues sí, o esto da un giro radical o me largo". Hay verdades que es mejor ni decir ni escuchar.

Seamos serios, en estos momentos el Atlético es a los clubes de fútbol lo que Homer Simpson a los amantes: un cachondeo. No se puede seducir al Niño con bisutería (si sigue, tal vez pueda ganar el Carranza) y promesas falsas ("haremos un gran equipo a tu alrededor. Sí, no tenemos un euro, pero tú no te preocupes") mientras desde fuera le ofrecen viajes por los grandes escenarios de Europa y un sólido proyecto de futuro en común. Hubo una época en que el Atleti podía aspirar a Audrey Hepburn. Ahora, tiene suerte si alguna despistada le dirige una mirada. Torres es un milagro. Esa noche de gloria que todos aspiramos a tener y, normalmente, no llega. Aprovéchenla, pero no pregunten. Es sufrir por sufrir.

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