Por qué ir con el Depor
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Voy con el Depor por ser hijo de gallegos, por los veranos allí, por los tiempos de Arsenio y por el penalti que falló Djukic. Básicamente, por eso. También por español, lógicamente. Pero no esgrimiré ese argumento, demasiado fácil (o no). Soy atrevido: pretendo que compartan mis razones. Empiezo. Todos tenemos un vínculo sentimental con Galicia, ya sea familiar, emocional o simplemente porque nos gusta algún Vázquez, Paula o Jesús, incluso Paco. Si esto no les convence, les diré a los indecisos que cualquiera de nosotros es gallego desde el momento en el que no sabe si sube o baja. Ya tenemos algo. Los veranos allí los convalidaremos con una vieira, un atardecer al gusto y un paseo con jersey. Ya estamos todos.
Las otras razones son estrictamente deportivas. La aparición del Depor de Arsenio fue absolutamente cautivadora. Era un equipo pequeño convertido de pronto en grande pero que conservaba intacta la humildad. Nadie merece morir de un penalti fallado en el último minuto del último partido, y menos aún aquel Depor, que no tenía arrogancias que pagar. Ni la Liga ni las dos Copas compensaron esa afrenta. Sólo la Champions borraría esa noche, como si no hubiera existido, campeones de Europa, suena bien, Djukic dejaría de tener pesadillas (también Bebeto) y todos nosotros, gallegos de adopción, levantaríamos un trofeo que no ofende a nadie, esa es otra forma de grandeza.