Yo digo P. P. San Martín

La clave está en la cabeza

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Irureta y sus jugadores tienen que hacer un soberbio ejercicio de abstracción mental para encarar este partido con normalidad. Es más que razonable que en Riazor todo el mundo tenga la cabeza puesta en la histórica visita del Oporto. Casi, casi, la presencia del Madrid es una cuestión menor. El envite a la grande para el deportivismo es el martes. En esta posible dispersión mental tiene el Depor su peor trampa, ya que el once que presenta ofrece garantías de juego para sacar el resultado adelante. Irureta, muy al contrario que Queiroz, tiene la fortuna de mirar hacia el banquillo y encontrar futbolistas de elite esperando su oportunidad.

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Así, no hay lugar a entender que Irureta tira el partido con el once que saca. Al contrario, a pesar de las bajas, mantiene una columna central soberbia. César, Andrade, Mauro, Djalminha y Tristán, entre otros, son jugadores de primera línea capaces de bloquear y tumbar a los Galácticos. Sobre todo si los hombres de Queiroz no se mentalizan de que en este estadio tienen que dar el ciento diez por ciento de rendimiento. Ahí reside el factor desequilibrante, en la angustiosa necesidad de los blancos por ganar y la relatividad con la que los deportivistas pueden encarar el encuentro.

El Madrid llega con su mejor muestrario en ataque, incluido Figo. Cometería un error si se dejara rodear, acosar y embotellar atrás sin balón. La lógica nos lleva a esperar un partido jugado en el medio campo del Depor, con permanente juego en el área de Molina. Probablemente nunca se encontrará el Madrid el camino más floreado para la victoria en Riazor.

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