Raúl y Dinho, la diferencia
Corría el minuto 30 sin noticias de Raúl. Todo un drama para el Real Madrid. Un equipo sin delantero centro es como una avispa descabezada: vuela desorientada sin saber dónde picar. La alternativa más a mano fue la que vimos. Un empuje colosal de Solari, una entrega dignísima de Figo y las correrías cada día menos elegantes de Beckham. Pero con eso no llega para tumbar a todo un Barcelona. Hace falta apuntillar. Y eso sólo lo ha hecho esta temporada en el equipo blanco Ronaldo. Lamentablemente para sus intereses, el Madrid es una avispa ciega sin el brasileño.
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No pregunten por Portillo. Queiroz prefiere subir a Helguera como un ariete desesperado antes que alinear al chaval. Está condenado al ostracismo y nadie conoce la razón deportiva que lo justifique. Quizás el asunto vaya por otro lado. Así murió el Madrid con un Zidane fundido y un Raúl fuera de sitio. Pero el técnico se obcecó en dejar al capitán diluirse en brazos de ese colosal defensa llamado Puyol.
Rijkaard, enfrente, ganó la partida con la pura aplicación de la lógica. Dos cambios, Luis Enrique y Kluivert, para dar a Ronaldinho una libertad incondicional de movimientos. En el banquillo azulgrana había un entrenador sin complejos.