Primera | Zaragoza 4 - Real Sociedad 4

Los cuatro goles de Villa no bastaron

Un tanto de Carlitos (94’) da un punto al Sevilla y complica al Zaragoza

<b>UNA LOCURA</b>. Es difícil poder ver ocho goles en un partido de fútbol.
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Villa, Megía y Carlitos. Tres nombres propios tiene este partido que pasará a la historia, trepidante desde el primer gol de Casquero hasta el 4-4 de Carlitos. Y en medio, un mundo de maravilla centrado en la fi gura de un David Villa que merece capítulo aparte. Ni su exceso de celo en el área le quita prestancia a sus cuatro goles. Así, de corrido, uno de oportunista, el otro con mucho temple, el tercero de falta afortunada y el último de penalti inventado por él mismo. Y aun así, el Zaragoza no ganó.

No lo hizo porque la suerte no le sonríe desde que ganara la Copa en Montjuïc y porque Megía le dejó con diez en el peor momento y alargó hasta que a Baptista se le ocurrió marear dentro del área para cederle el empate a Carlos. Se notó pronto que Joaquín Caparrós había estudiado bien el partido. "A por ellos, que son pocos y extrañan el lugar", fue su lema. Lo dijo por la defensa inédita que tuvo que plantear Víctor Muñoz. En cinco minutos el Sevilla tuvo resuelto el enigma. Dos llegadas por las bandas, un par de córners y un gol afortunado de Casquero. Pasmada dejó a La Romareda, incrédula ante una amenaza de descenso de nuevo real.

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Pero el Sevilla se metió en Feria o en no sé qué sarao. Pasaron los minutos y el Zaragoza resucitó de la mano de Savio y de Cani, el hombre de la nariz rota que suplió a Galletti. El brasileño del Zaragoza martirizó primero a Redondo y más tarde a Alves para servirle dos golitos a Villa.

Lo gordo estaba todavía por llegar, como por ejemplo el golazo de Casquero, desde fuera del área. Fueron simples fuegos de artifi cio antes del momento Villa. La ola en la grada espoleó a unos sevillistas que lo habían hecho todo: ganar y perder el partido, por la dejadez de no enterrar al muerto en su momento. Compensó Megía expulsando a Toledo y permitiendo a Baptista descontar para el 4- 3 de penalti dudoso. De ahí al final, un ir y venir con un árbitro demasiado valiente y un Sevilla que compensó con suerte su empanada defensiva.

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