Novena copa para el Portland en cinco años
Garralda y Rivero lideran la victoria ante el Valladolid


Al Portland le llegó la hora del desquite. Pura revancha. Venía arrastrando de un año hacia acá la ignominiosa derrota sufrida en la final de la pasada Copa de Europa en Montpellier. Aquel recuerdo le torturaba, no le dejaba descansar. Le ha hecho vagar como alma en pena durante gran parte de la temporada. Ahora, con la Recopa en el bolsillo, el amargor queda lejano, aunque nunca se olvidará del todo. Este título, además, es simbólico. Representa el último servicio prestado al Portland por ilustres veteranos que no seguirán en Pamplona el próximo curso. Es también su noveno trofeo en seis temporadas. Desde 1999, cuando empezó a ser grande, nunca se fue de vacío y, en esta ocasión, tampoco, a pesar de la férrea resistencia del Valladolid.
La victoria del Portland en el partido de ida (30-31) dejó la final en terreno navarro y los de Equisoain no lo desaprovecharon. Tiraron de experiencia, controlaron el ritmo de juego, frenaron la velocidad pucelana y levantaron la copa a lo grande. Lo hizo Garralda con una boina bien calada. Fue él uno de los que más sufrió en Montpellier y también la estrella en los dos partidos de esta final. Ardía en deseos por volver a ganar. Suyo es el título, y de Fermín Tajadura, ex presidente del Portland fallecido hace un mes.
Buena nota también para el Valladolid, que, aunque se vio cuatro goles abajo, supo levantarse tras el descanso. Y no llegó a empatar porque el Gato Rivero andaba por ahí. Sus soberbias paradas impidieron la remontada, al tiempo que Garralda y Boesen sentenciaban con el mazo.
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