El gen atlético es un don que no se regala
El Calderón pasa de la UEFA. Sueña con dejar al Madrid fuera de la Liga

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Me da pena que te atrevas a hablar de la afición atlética. Es el gran misterio del fútbol mundial. Roncero, no puedes entender un descenso a Segunda y que se batan todos los registros de abonados. No voy hacer leña del árbol caído, pero la foto de estos días es elocuente. Conceptos como amor, fidelidad y manera de entender la vida por tus gustos futbolísticos es imposible que los puedas asimilar. El Calderón se enriquece domingo a domingo con el apoyo de una gente que pasa de trofeos y títulos y que acude al reclamo de la sorpresa, la emoción, el buen fútbol, las muchas tristezas y las pocas pero inolvidables alegrías. Para la gente rojiblanca, este deporte no se mueve por un museo, por la venta de camisetas y mucho menos por huir del barco cuando está a punto de irse a pique.
Basta de milongadas y quédate con tus restaurantes de cinco estrellas y la paella de los jueves. A nosotros, la UEFA nos importa un comino. El fútbol es tan mágico que ni siquiera la Champions puede llenar nuestras aspiraciones. Para los atléticos, pegar un repaso al Madrid, dejarle fuera de la pelea por la Liga y bajar del pedestal la soberbia es conquistar ese trébol que ha cansado a España, y que los blancos no van a oler. Si la envidia fuera tiña, ya sabes Tomás. Nunca serás del Atlético, es algo muy fuerte para tus entendederas.
