Otra final perdida
El Madrid no supo jugarle al Hapoel y cayó con justicia en la cita de Charleroi


Las finales son un asunto muy especial: sin lógica y disparado en épica y emociones. "Hay que estar muchas veces en esos sitios para saber cómo son las cosas allí", dicen los americanos. Tan asesinas son las finales que Ferrándiz, supremo hechicero madridista, recordará cómo el día de su despedida del banquillo (Amberes-1975), el Ignis de Varese apareció sin Meneghin... y tumbó a un Madrid favorito en la finalísima de la Copa de Europa.
Pero eso fue hace cerca de 30 años. El de ayer era otro Madrid. Un equipo de baloncesto en plena reconstrucción, al que el peso de la púrpura, la púrpura que vistieron Pedro Ferrándiz y sus viejos héroes obliga a esfuerzos extraordinarios. Qué paradoja: en plena Edad de Oro de la entidad, el mayor éxito del baloncesto madridista sería todo un regreso al pasado.
Hacía siete años que este Madrid no se presentaba en una final. El desembarco de notables madridistas en Charleroi contrastó con la erupción de una marea roja: 2.000 seguidores del Hapoel, dispuestos a que la lava de la emoción y la competitividad engulliera a este Madrid, que no sabe jugar finales. Los judíos querían ser como los vietnamitas en Dien Bien Phu, acarreando cañones en bicicletas por senderos de cabras.
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La cabra inicial del batallón del kibbutz, con sus infiltrados de Nigeria y de guetos turbulentos, fue una simple zona, en la que los rojos pegaban como si los blancos fueran rebeldes en la franja de Gaza. Con problemas de faltas, Solomon, el cañoncito de Connecticut, dejó paso a la cabra-zona, que el Madrid, sin pulso de final, quiso atacar tirando de tres y sin el hombro-camión de Kambala para abrir paso. Y el Hapoel pegó el primer tirón: 26-35.
En el tercer cuarto, una marea roja devoró al Madrid. Salomon se sentó con cuatro faltas en el minuto 24, con 40-46 y tras 0-5 de arranque para el Hapoel. Pero con Solomon tan sentado como Kambala (?), el Hapoel galopó sobre el estupefacto Madrid: 3-12, 43-58. Regresó Kambala... a un infierno tan rojo como las camisetas y muñecas del Hapoel: 49-66, 9-20 para los jerusalemitas..., con el MVP McCarty en racha y casi siempre sin Solomon. Ese 49-66 del minuto 30 no había Dios que lo arreglara. Ni Ferrándiz con 30 años menos. Ni Kambala, eliminado. El Madrid se acercó hasta 70-75 y 72-77, pero había estado demasiado tiempo lejos de una final. Ahora ya ha vuelto y ha aprendido a perder. Por ahí se empieza. ¿Verdad, maestro Ferrándiz...?