Sobre indios y vikingos
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Me gusta que Manzano recuerde que las desgracias del Madrid no van a hacer más grande al Atlético. Entre los demás clubes de la ciudad existe cierta madriditis que a menudo sirve para tapar las decepciones propias. En muchos derbys de baloncesto me lo he pasado en grande con la Demencia cantando aquello de "Somos el primer equipo de Madrid", pero eso sólo sucedía cuando el Real estaba en crisis, era quinto o perdía con, digamos, el Hapoel. Sin embargo, Estudiantes seguía cuarto y sin dar el salto de calidad. Esa superioridad momentánea no sirve de nada. El Atleti no está más cerca de retornar entre los grandes porque los galácticos encadenen derrotas. Evidente. Ahora, ¿nos dejamos de obviedades políticamente correctas?
La semana pasada fue realmente Santa para el aficionado atlético, que durante meses ha vivido temiendo el triplete blanco. El que diga que no ha respirado aliviado, miente. Es normal. Dicen que hay cuatro vikingos por cada indio y tanto gallo con el pecho hinchado sería difícil de soportar. Pero, para frenar la euforia, a Manzano le falta medio equipo. O Torres, que es lo mismo. Y, ¿saben lo mejor? Da igual. El año del descenso, el Atlético ganó 1-3 en el Bernabéu. El del doblete, el Madrid se llevó los dos derbys. Esas pequeñas victorias dentro del éxito del enemigo te dan la vida. Un amigo, tras un episodio muy turbio, escribió en una baraja de un antiguo colega: "Él tiene a mi novia, pero me quedé sus naipes". Y era feliz.
