Copa Davis | España 4 - Holanda 1

Ferrero espantó los fantasmas

España sufrió más de cinco horas antes de firmar el 4-1 final ante Holanda

EL REY SE ARRODILLA SOBRE LA TIERRA: COMO BORG</B>. Hay en esa explosión de júbilo de Ferrero, rey de la tierra batida, un aire de otro tiempo: es, casi calcado, el mismo gesto con el que Borg celebró su triunfo ante McEnroe en la finalísima de Wimbledon 1980. Es raro que Ferrero celebre así un triunfo. Pero si lo hizo Borg...
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

Howard Hawks, el genial director de Río Rojo y Ciudad sin Ley lo describió así: "A una buena película le bastan tres grandes escenas y ninguna mala". Clavado. Los presuntos Estados Unidos de España echaron de la Davis al Reino de los Países Bajos (Holanda son dos de sus provincias, Norte y Sur) gracias a tres sensacionales escenas de dos primeros actores: Moyá y Ferrero. Escena mala, lo que se dice mala, no hubo ninguna. Todo lo más, el doble y el frío sacaron a pasear por allí algunos fantasmas. Pero...

La glaciación de Palma condicionó el asunto. El doble Robredo-Nadal, que iba lanzado, se congeló bajo el temporal del sábado y descarriló el domingo. Por una razón, la tormenta fue perfecta para Verkerk y Van Lottum: la arcilla de la pista cogió humedad y esponjó los servicios de los españoles. Nadal y Robredo terminaron sacando a poco más de 150 km/h. Y así... Así, los restos de los gigantones naranja tenían campo libre.

Y como ellos suelen sacar en torno a 200 por hora, la rebaja en la velocidad de los saques se limitaba hasta 180-190. Nadal perdió todos sus servicios en el cuarto set. El quinto quedó en manos de Verkerk y sus palos de trueno, mientras los servicios de los españoles desaparecían entre restos y nubes de polvo rojizo, Río Rojo o Río Naranja. Total, 2-1. Eran las 11:45 horas del domingo cuando Verkerk, calentamiento incluido, ya llevaba hora y media España resoplando y rugiendo. Después iba a pagarlo.

Ferrero. Y a las 13:00 horas, las nubes cubrían un escenario idéntico al de la fi nal de Roland Garros 2003, pero con mucha más tensión. Cuando empezó el cuarto partido, tercera gran escena de la eliminatoria, la actividad matinal de Verkerk ya se extendía hasta casi tres horas. Mientras se enteraba, Ferrero le ganó el primer set: 6-4. Después... Verkerk fue creciendo porque Ferrero se metía en un agujero negro, una sima cósmica, donde vivían los fantasmas llamados Calleri y Philippoussis.

En el fi lm 2001 Una Odisea del Espacio, el visionario Kubrick reinventó El Agujero del Gusano. Por ese Agujero, el astronauta que Kubrick creó, Dave Bowman, hace un inquietante viaje interestelar que acaba en una dimensión llena de paz. Lo guía un megaordenador: Hal. En 2004, en Palma, la travesía del astronauta Ferrero iba a durar cuatro horas y dos minutos.

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En los sets segundo y tercero, Verkerk, que intentaba espantar su maldición de Roland Garros 2003, fue para Ferrero, acongojado, un funesto clon de Calleri y Philippoussis.

A las tres horas de partido, ya en el cuarto set, los penúltimos gramos de resistencia de Ferrero pusieron a Verkerk a merced del ácido láctico. Ferrero, tembloroso pero en pie, ganó el set 7-5: había atravesado el gigantesco agujero naranja. Remató a Verkerk con 6-1 en el quinto y se arrodilló. Habían pasado 242 minutos de viaje. En la otra dimensión estaba Francia.

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