El paseíllo de la Armada española
Moyá y Ferrero son favoritos ante Verkerk y Sluiter en la primera jornada


En 1960, el 21 de agosto de 1960, en el Coliseo Balear de Palma, el toro se llamaba Farruco. De la ganadería de Muñoz Aguilar. Y el torero montaba a caballo. El torero, el rejoneador, era Salvador Guardiola Domínguez, heredero de una de las grandes familias de Sevilla. En 2004, en la Semana Santa de 2004, lo que hay sobre el Coliseo Balear, además de arena antigua y guijarros, es una pista de tenis de arcilla rojiza, lista para otro paseíllo: el de la Armada española ante los pálidos gigantes de Holanda. Cuidado con los recuerdos de la sangre y el toro. Porque...
Aquí mismo, entre sangre y arena, el 21 de agosto de 1960, aquel toro Farruco se arrancó de súbito y brutalmente al caballo Calé, que montaba Salvador Guardiola. "El caballo dio un zamarreón violento, como un latigazo. Guardiola se desequilibró, y aún pendiente de un estribo, se golpeó con el cráneo en la arena, mientras Farruco saltaba sobre él y le pateaba. Salvador murió en la enfermería. Yo tuve que matar al toro. Fue el último toro que maté en mi vida. De vuelta a Sevilla, la familia Guardiola ordenó que nadie montara más a Calé, que quedó suelto en el campo". Así lo recuerda hoy Salvador Távora Triano: en 1960, novillero y sobresaliente de Salvador Guardiola. Y hoy, ya con 70 años, excelentísimo director teatral de La Cuadra, de Quejío y de Carmen...
Tragedia. Sumido en el aura de la gran Semana Santa de su Sevilla, Távora, del Cerro del Águila, no se cree que en el Coliseo, lugar de la suerte y de la muerte, se juegue hoy al tenis: "Me sorprende, porque para mí, todo aquéllo fue muy fuerte, una tragedia. Tampoco entiendo lo que piensan en Barcelona de los toros. Me parece mal que una mayoría quiera imponerse sobre una minoría, una mayoría que desconoce el valor del toro en la cultura mediterránea".
¿Mediterráneos? Mediterráneos son Ferrero, Moyá, Robredo y el niño Nadal. Todos hablan de toros porque les impone, les atrapa el extraño halo telúrico del Coliseo, edificado en 1929. Encerrados entre cuatro torres y 10.000 localidades, hay 11.000 metros cuadrados de plaza que vivieron el llanto de los Guardiola y la primera gran tragedia vital de Salvador Távora. De aquellos protagonistas de 1960, sólo queda Távora, el genio del Cerro del Águila. Farruco mató la alegría de los Guardiola y Távora mató a Farruco. 44 años después, la enfermería donde murió Guardiola será hoy el centro de los controles antidopaje.
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Los holandeses dicen que "el toro tiene su oportunidad, y a veces, gana". El matador Charly Moyá replica: "Aquí, normalmente, el que gana es el torero".
Ayer presentaron todos la eliminatoria saliendo por la vieja Puerta de Arrastre. Los holandeses, con tan malas pulgas como aquel Farruco de Muñoz Aguilar, quieren sorprender con Verkerk y Sluiter, porque ambos tienen ventaja en sus duelos individuales con los diestros Moyá y Ferrero. Dice el relegado Schalken: "No recordaré los toreros que han muerto aquí, porque tal vez me den más pena los toros. A lo mejor, nosotros vengamos a esos toros". Eso no lo dice un mediterráneo, sino un pálido holandés que tal vez podría sentarse en el Ayuntamiento de Barcelona. Schalken y los holandeses no conocen a los Guardiola ni a Távora. Con suerte, pero esta vez sin muertes, huele a gran faena de Ferrero y Moyá.