Una mala transición
De todo aquello que se acusó a Del Bosque y con lo que se justificó que no siguiera al frente del equipo vuelve a ser culpable Queiroz en mayor o menor medida. De la falta de entrenamientos a la poca sintonía con la dirección del club, todo. Diez reproches que se repiten diez meses después de la sucesión.

Del Bosque entrenaba poco. Queiroz tiene la misma costumbre
Se acusaba a Del Bosque de que sus entrenamientos eran muy relajados. Queiroz no ha cambiado esa costumbre y argumenta, como su predecesor, que los verdaderos entrenamientos, los más intensos, se hacen en los partidos y que las sesiones diarias sólo sirven para mantener la forma. Tampoco se ensayan jugadas ni se practican con frecuencia los tiros de falta.
Del Bosque no rotaba. Queiroz lo hace todavía menos
Se decía que Del Bosque no rotaba y que por eso llegaron las lesiones en las semifinales de la Champions, cuando el equipo fue eliminado por la Juventus. Sin embargo, Queiroz mueve el banquillo mucho menos y como consecuencia de ello la plantilla ya está agotada en el último tercio de la temporada, justo cuando se deciden los títulos. Hasta los jugadores lo admiten.
Del Bosque toleraba todo. Queiroz no controla el vestuario
Se culpó a Del Bosque de tener manga ancha con ciertas actitudes de los futbolistas, como la sublevación de Hierro en Egipto al ser cambiado (insulto incluido) o el desplante de Morientes cuando se negó a calentar en los últimos minutos de un partido. Queiroz no ha traído más disciplina. Se repiten las malas caras, las salidas nocturnas, los viajes, compromisos publicitarios...
Del Bosque no concentraba. Queiroz, ni en la final de Copa
Sentaba mal que Del Bosque no concentrara a la plantilla en la mayoría de los partidos jugados en Madrid. Queiroz tiene el mismo hábito y las concentraciones son excepcionales. En este sentido se le criticó que el equipo viajara a Barcelona con sólo un día de antelación para jugar la final de Copa. No dio la impresión de que los jugadores estuvieran suficientemente mentalizados.
Del Bosque y la clase media. Queiroz no se fía de la cantera
Se reprochaba a Del Bosque que tiraba con frecuencia de la clase media, poniendo a este tipo de jugadores por delante de los canteranos. Queiroz se apoya en el único futbolista de clase media que queda en el equipo: Solari. Y lo antepone a los canteranos. Demuestra con ello que no se fía de los jóvenes, como se ha podido comprobar durante toda la temporada. Portillo da fe.
Del Bosque no tenía plan. Queiroz no cambia el esquema
Muchos dijeron que Del Bosque sólo era un alineador. En caso de ser cierto, igual valdría para Queiroz, que ha mantenido el sistema y sólo lo modifica cuando entra Solari y equilibra el dibujo. Pasaba lo mismo hace un año. No ha habido ninguna aportación táctica, no se ha adelantado la defensa ni se explota el pase largo a Ronaldo. Toque y toque, poco juego vertical.
Del Bosque y los resultados. Queiroz, sólo una Supercopa
Algunos entendían que los resultados (y sobre todo los cracks) mantenían a Del Bosque en el banquillo: dos Copas de Europa, dos Ligas, una Intercontinental... Queiroz ha logrado en diez meses una Supercopa de España (frente al Mallorca) y sólo puede ampliar su palmarés con la Liga. Lo que se podía aplicar al técnico salmantino encaja también en el portugués.
Del Bosque, lejos del mando. Queiroz no habla con el presidente
Las relaciones entre Del Bosque y Florentino no eran fluidas. Tampoco eran excelentes con Valdano. Queiroz tampoco tiene hilo directo con el presidente y su contacto con la dirección se limita a Valdano, su valedor. De un tiempo a esta parte tampoco existe mucha armonía con el director general deportivo, que no ha ratificado la continuidad de Queiroz: "Ya se verá", ha dicho.
Del Bosque no decide. Queiroz no influye en los fichajes
Dada la política del club, se comentaba que la participación de Del Bosque en la gestión deportiva estaba muy restringida. Ocurre igual con Queiroz, que no ha conseguido tener peso específico en estas decisiones. Los fichajes vienen de arriba y las cesiones y traspasos se acuerdan más por criterios económicos que deportivos. El técnico juega con las cartas que le dan.
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Del Bosque no mira fuera. Queiroz no pisa la Ciudad Deportiva
Se culpaba a Del Bosque de encerrarse demasiado en la Ciudad Deportiva y estar ajeno a lo que sucedía en el fútbol internacional, jugadores destacados, nuevos sistemas. Queiroz no suele pisar los campos donde se entrenan los más jóvenes y desconoce a los jóvenes que despuntan. Su indudable conocimiento del fútbol internacional tampoco ha dejado huella.