La Copa es el torneo preferido
La Copa es un torneo apasionante sea del deporte que sea. Tenemos el ejemplo del baloncesto: 1.054.000 telespectadores de audiencia media en la Copa y 683.000 en la liga regular. El Madrid-Barça de Copa incrementó su audiencia en 320.000 personas sobre el de liga y el Tau-Estudiantes, en 345.000. Y para este caso nos vale el ejemplo hasta del fútbol que, por ser un deporte de masas, no suele admitir comparaciones con otros. La final de Copa Madrid-Zaragoza tiene el récord de audiencia este año: 9,2 millones, casi uno más que el Madrid-Bayern. Y es que la Copa siempre es especial. Emociona e interesa, porque sus partidos no admiten medias tintas.
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Tenemos estos días en disputa la Copa de balonmano, un torneo muy interesante porque no tiene un dominador claro. Cuatro últimos años, cuatro campeones distintos: Ciudad Real, Ademar, Portland y Barça. Salieron, además, de cuatro finales que no se repitieron. La aparente hegemonía del Ciudad Real no es tal, porque esta temporada no disputó ni tan siquiera la final de la copa Asobal, y el tradicional poderío del Barça se va diluyendo, como lo prueba que en la liga no es que no esté disputando el título, sino que su lucha es quedar entre los tres primeros clasificados para poder disputar la próxima temporada la copa de Europa.
El Barça, por eso, se aferra a esta Copa, no para que su entrenador Rivera se despida con su 70º título, sino para asegurarse al menos la Recopa, no fuera que el Ademar y el Portland, empatados con él en la liga, le dejen cuarto, condenado quizá entonces a disputar la consolación europea que es la copa EHF. La Copa, pues, reúne alicientes sobrados para seguirla con atención. Sólo un pero: ¿a qué viene parar la liga a mitad de la segunda vuelta para jugar la Copa? Como si ya no tuviera bastantes interrupciones. La Copa se juega tras la primera vuelta, cuando los equipos se han clasificado, o al final. Un torneo tan deseado no hace falta meterlo con calzador.
