Primera | Málaga 1 - Albacete 1

El agua machacó a Málaga y Albacete

Fabiano y Diego Alonso aprovecharon el pésimo estado del campo

<b>UNA PELEA LIMPIA</b>. Las fuertes lluvias caídas en Málaga en los últimos días provocaron que la lucha predominara sobre el juego en el partido.
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Cuando el agua es el principal protagonista, hasta las gradas se resienten. De los 20.000 asiduos a La Rosaleda, ayer 12.000 se quedaron en sus casas. Cierto es que, aparte de la visita de Basti, no se perdieron gran cosa. Pero tampoco es que estuviera muy mal el encuentro, aunque, eso sí, la estética de la fuerza, la lucha, la garra y la pelea fue el denominador común.

Quien mejor había leído las consecuencias de las inclemencias meteorológicas era el Albacete. Muy juntitos atrás, pelotazo a la olla para que Mikel la baje o Basti la duerma y, sobre todo, buscar mucha falta al borde del área o saques de banda o esquina. Con el césped en ese estado, el patadón y la estrategia son la mejor receta. Y los de Ferrando supieron aprovechar sus bazas. Aunque el agua, que era quien imponía los estilos, mucho tuvo que ver: Álvaro, que ya lo había intentado, sacó una falta para que botara en las narices de Arnau. El barro y la torrija del portero dieron una vida de más al esférico, que quedó suelto para que Fabiano fusilara. No era este el primer regalo del meta, que ya le había dado un gol a Basti por intentar, que no lograr, salvar un absurdo córner.

Con esta mínima ventaja, el Albacete se echó descaradamente atrás y el Málaga por fi n se dio cuenta de que triangular era un suicidio. Juande sacó a toda su artillería para doblegar al frontón bien comandado por Pablo que era la zaga manchega. Pero asediaban sin éxito y peligro. Canabal, que desesperó hasta a Salva, pidió un penalti. Moreno Delgado no lo vio. Igual que hizo en la primera mitad con otro en el área local. Y volvió a aparecer el empedrado. Siviero y Fernando Navarro se tragaron un patadón de Duda desde su campo, Salva lo controló y se lo puso a Diego Alonso, que no perdonó. Era como la defi nición de justicia, pues ambos merecieron un punto. Pero el rebelde Parri estuvo a punto de destrozarla. Puso un balón a Álvaro, que éste echó incomprensiblemente fuera. La razón es muy clara: la carpichosa hierba no quiso que el Málaga se acercara más a la UEFA y el Alba dejara a medio mundo el descenso.

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