Champions League | Real Madrid-Mónaco

¡Morientes Selección!

Una treintena de aficionados le recibieron en el aeropuerto de Barajas. "Es un regalo jugar ante el Madrid. Me hace ilusión y me siento tan extraño..."

<b>BIENVENIDA</B>. Fernando Morientes fue el centro de atención en el aeropuerto de Barajas. Tuvo que salir escoltado por la Policía Nacional.
Carmen Colino
Editora Jefe de Eventos deportivos
Editora jefe de Eventos Deportivos. En AS desde 1996, de ellos 22 años en la sección del Real Madrid siendo responsable de la misma desde 2006. Dos años en redes sociales y ocho de responsable de Verticales y Actualidad. Vicepresidenta de la Asociación de la Prensa Deportiva de Madrid. Colaboradora de El Chiringuito de Pedrerol, Atresmedia.
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Fernando Morientes aterrizó en el aeropuerto Madrid-Barajas a las 12:14 minutos. En la terminal 1, salida dos, le esperaban una treintena de hinchas fieles dispuestos a demostrarle que para ellos sigue siendo el mejor esté donde esté. Marta lucía orgullosa su camiseta del Moro firmada. Viajó hasta Mónaco para conseguirla y ayer estaba especialmente emocionada por ver a su jugador favorito. Un grupo de adolescentes, que se habían saltado las clases a la torera, esperaban la salida del delantero. "Míralo, está cogiendo la maleta. Es el mejor". Dos hermanas le prepararon una pancarta para darle la bienvenida. Todo eran detalles para el ex madridista, que se hizo esperar más de media hora.

Salió protegido por la Policía y por sus compañeros, pero le tocó saludar como si de un Rey o un Príncipe se tratara. "Morientes, Morientes" o "Morientes Selección", fueron los cánticos que alteraron durante cinco minutos la tranquilidad del aeropuerto. Empujones, besos al aire, abrazos, apretones. Era imposible acercarse a un metro del jugador. Se subió al autobús casi en volandas. Se le notaba nervioso, más bien emocionado. Saludó a Esteban, el encargado del material en el Madrid, o a López Serrano, director de relaciones internacionales, que fue a Barajas a recibir al equipo francés. Se sentó en la parte de atrás del autobús mientras un cámara de televisión seguía todos sus movimientos. Tuvo que mandar besos y saludar una y otra vez. Y sonreir. Y aguantar bromas. Pero se le veía feliz. "¿Qué pasa con Morientes?", "Quizá ha jugado en el Madrid alguna vez en su vida", ironizaban sus compañeros.

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Y a las puertas del Hotel Intercontinental más de lo mismo. Adolescentes con fotos acompañadas de sus padres con un único propósito: ver a Morientes unos segundos. El tiempo corría muy rápido. Comida, siesta y visitas. Su familia le arropó como no podía ser menos. Habló con algunos futbolistas del Madrid y a las cinco y media lo mejor, lo más emocionante. Morientes llegó al Bernabéu. El estadio en el que celebró sus éxitos durante seis años le recibió con los brazos abiertos. "Me hace ilusión y me siento tan extraño. Es un regalo jugar contra el Madrid", decía.

Y llegó el momento de saltar al césped. Salieron todos menos Morientes. Le tocó saludar a unos y a otros. Ha dejado tantos amigos que ayer su mano se gastó un poquito después de tanto estrecharla. Saltó al césped el último, despacio, mirando todos los rincones, examinando el campo vacío, ese que hoy estará lleno y que le recibirá con un cerrado aplauso. "Estoy tranquilo por cómo me va a recibir el público. Siempre me demostraron cariño", dije. Se puso a correr y mientras corría le iba enseñando a sus compañeros algunos de los secretos de ese estadio que él conoce tan bien. Les mostró los palcos blancos, los asientos del banquillo o donde estarán sus hinchas. Morientes lleva 17 goles con el Mónaco, hoy quiere marcar en el Bernabéu, aún no sabe si lo celebrará. Tiene nostalgia, pero en Mónaco también es feliz.

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