Liga de Campeones | Milán 4 - Deportivo 1

Chaparrón en Milán

El Depor encajó cuatro goles en ocho minutos. Kaká, Pirlo y Shevchenko dejaron virtualmente sentenciada la eliminatoria

<b>HUNDIDO.</b> La garra de Pandiani no fue suficiente esta vez. El uruguayo marcó el gol que abrió el marcador, pero luego vino la avalancha.
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Es ley natural que el talento supere al orden y el saber a las ganas. Por eso, anoche el Milán ganó a un correcto Depor, que le enredó durante 44 minutos. Un gol de Kaká desmelenó al equipo más italiano de Brasil o al más brasileño de Italia. Ocho minutos fueron suficientes para calibrar la distancia entre ambos equipos: el gol.

El encuentro empezó sin sorpresas. El Depor, con andar pesado y solvente, era un equipo Diesel, y el Milán, con los acelerones típicos de quien funciona con gasolina. Con el libreto bien aprendido, los de Irureta obligaban a Pirlo y a Seedorf, mentes pensantes rossoneras, a recorrer muchos metros para tocar balón. Desplegado como un acordeón, el Milán acumulaba pelotazos ante el equilibrio deportivista. Andaban los de Ancelotti y Berlusconi, o viceversa, empecinados en descifrar el laberinto diseñado por Jabo, cuando el Depor provocó un córner. Y ocurre que en las barbacoas todo el mundo se acuerda de llevar cerveza, pero nadie de traer agua. Capdevila apareció raudo, Luque se la sirvió en corto y el lateral se tomó su tiempo y dibujó sosegadamente una rosca que Pandiani cabeceó a la red. El Depor rentabilizaba un error de marca de un equipo diseñado para atacar. El ‘Rifl e’ confi rmaba su fama de goleador globalizado (Atenas, Eindhoven, Turín y Milán) en un marco incomparable.

El gol se clavó como una banderilla en el lomo del Milán, que, rabioso, ganó diez metros y aculó al Depor en su área. Los italianos comenzaron a sumar puntos y el balón se teñía de rojinegro. Luque y Sergio, fuera de sitio, comenzaban a sufrir persiguiendo a Cafú y a Pancaro. Faltaban balón y oxígeno, sobraban prisas. Mauro Silva asumió los galones y comenzó a administrar las distancias y a gobernar el centro del campo con la inigualable ayuda de esa sencillez cautivadora que destila el juego de Valerón. El Milán no desfallecía y las ocasiones goteaban en la portería de Molina cuando Kaká, enorme llegador, aprovechó un pase de Cafú para igualar la contienda. El tanto, a un minuto del descanso, premió la fe local.

Aturdidos. El Depor saltó el último al campo en la reanudación, tanto real como figuradamente, porque, a los 30 segundos, Shevchenko batía a Molina ante la pasividad generalizada de sus compañeros. El gol de Sheva retumbó en el ánimo de los deportivistas, que veían cómo Kaká le golpeaba por tercera vez antes de caer a la lona. El Milán juega a borbotones y eso signifi ca que la ambición no conoce límites. No hay espacio para la misericordia. Y los de Berlusconi se ensañaron en el arranque de la segunda parte, cosa que Pirlo confirmó al anotar el cuarto gol en un libre directo. Dicen que Cassius Clay, el mismo hombre que ahora pregona que "nada es imposible", también pegaba así: cuando quería, sin piedad y torrencialmente.

El cuarto gol dibujaba un panorama desolador para el Deportivo. El fútbol orgásmico de los milaneses sufrió un receso que posibilitó que los de Jabo tomaran algo de aire. Ya llovía menos. Perdido el partido, el objetivo era mantener con vida la eliminatoria. Y eso pasaba por marcharse arriba a por un gol, por lo que Jabo introdujo a Fran en el campo. El equipo lo agradeció y el balón también. Fran, Pandiani y Capdevila pudieron sacar de la UVI la eliminatoria. Pero no lo lograron.

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Saludo inicial de Berlusconi

Silvio Berlusconi, primer ministro italiano y presidente del Milán, no se quiso perder anoche el partido. Antes del inicio, bajó al campo para saludar al Deportivo y al árbitro ruso.

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