El Mónaco medirá el efecto Ronaldo
Ronie y Morientes, la atracción. Bravo ocupara el puesto del sancionado Roberto Carlos. Mejía, pareja de Helguera. Atención al pequeño Giuly

Vidas paralelas. El Mónaco ha perdido una ventaja de diez puntos y ha cedido el liderato de la Liga francesa al Olympique de Lyon (por la media de goles), después de empatar en su casa con el Sochaux, equipo de sugerente pronunciación; el Real Madrid ha dejado escapar una diferencia de ocho puntos y tiene al Valencia a uno solo. Ambos se han quedado sin Copa: el Mónaco, eliminado en cuartos, ante el Chateauroux, de Segunda División; el Madrid, en la final, frente al Zaragoza. Tampoco podrán optar al codiciado trébol; sólo el Arsenal y el Oporto pueden conseguirlo ya.
Hasta aquí los parecidos. Desde aquí, las diferencias. En el Madrid vuelve Ronaldo, futbolista totémico y talismán que cuando juega despierta diferencia de opiniones (que si corre que si no) y cuando no juega unanimidad absoluta (que haga lo que quiera). Lo único que tiene el Mónaco de tanto peso es el Príncipe Alberto, que más que jugón es del tipo juguetón.
El regreso de Ronaldo ha conseguido ilusionar tanto al madridismo que su presencia hace olvidar las últimas derrotas y permite recuperar el ánimo anterior, cuando parecía que nada malo podía suceder, todos chicos Martini. Seguramente por eso se han adelantado los plazos de su recuperación, (de 21 a 18 días).
Pero no es esa la única novedad en el Madrid: Queiroz ensayó ayer cómo defender los córners (en contra, aclaro) y las jugadas a balón parado. Decisión muy oportuna (levemente tardía si acaso) porque el equipo ha encajado así 17 de los 52 goles recibidos esta temporada. Hasta Beckham practicó los lanzamientos lejanos. Vamos, que fue un entrenamiento, no un picnic.
Raúl, con una contractura, se ejercitó al margen de sus compañeros, pero es seguro que jugará hoy. Es decir, alineación galáctica con la única excepción de Roberto Carlos, cuya ausencia por sanción estará cubierta por Raúl Bravo. El joven Mejía será la pareja de Helguera en el centro de la defensa.
Por lo que se refiere al Mónaco, todo el foco se centra en Morientes, al que Queiroz echa de menos en una entrevista que publica en su último número la revista francesa France Football. La capacidad del entrenador del Madrid para provocar incendios a su paso sólo es comparable a la del inspector Clouseau.
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Morientes estará acompañado en el ataque por Giuly, un futbolista magnífico, quizá el motor del Mónaco que deslumbró en Liga y Champions. Si Morientes, por un casual, estuviera hoy más acertado que los delanteros del Madrid se nos abriría una pústula en la crisis porque el pueblo soberano es muy suyo (vota y bota), como se ha podido comprobar recientemente. Casi mejor no pensarlo.
Irureta, que recibió ocho goles del Mónaco, cuenta que el punto débil de los monegascos es la defensa (no podía decir el ataque, claro), dato que anima al Madrid porque presagia un partido muy abierto, de intercambio de golpes, de ida y vuelta, de los que hacen reír tanto a Ronie.