Primera | Athletic 4 - Real Madrid 2

El dedo en la llaga

Un gran Athletic deja en evidencia al Madrid, que remontó un 2-0 y se volvió a hundir. Del Horno, fabuloso

El dedo en la llaga
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Cuentan que San Mamés, una vez arrojado a la arena del circo, fue capaz de amansar al león que pretendía devorarle, es por ello que en la imaginería religiosa su figura se acompaña de estos animales en actitud relajada o como mucho Metro Goldwin Mayer. Como los emperadores eran gentes de mal perder y más difíciles de amansar, un soldado bajó acto seguido a la arena y le clavó a Mamés un tridente en el abdomen que, aunque no lo pareció entonces, le convirtió en inmortal.

No ha tenido mucho éxito el nombre de Mamés entre los varones de España (comparado con San Borja) pero su proeza, pese a no terminar bien (digamos, y que se me perdone, que le faltó gol) sigue imborrable, especialmente en el estadio del mismo nombre y especialmente ayer. Si el Madrid era el león, terminó manso como el gato que está triste y azul y que nunca se olvida que fuiste mía.

El Athletic venció al Real Madrid, lo hizo a lo grande, y descubrió en su rival un problema que se intuía incluso cuando transitaba con holgura por el tramo menos agitado de las competiciones, el primero. Ya entonces, pese a disfrutar muchas veces del fútbol galáctico, se hacía evidente que nada había cambiado en el equipo con el nuevo entrenador, que todo estaba fi ado a la genialidad del que pasaba por allí, aunque generalmente pasaban muchos y de ahí las fiestas. No obstante, pesimistas por naturaleza, nos preguntábamos qué ocurriría cuando vinieran mal dadas, cuando hubiera lesiones, cuando llegara el cansancio, qué aportaría entonces un técnico contratado, eso se dijo, por la modernidad de su método.

Pues no ha ocurrido nada. Todo sigue igual, no hay cambios. El equipo está solo y nadie sale en su ayuda con la excusa de que juegan los buenos y la cantera no es de élite (Queiroz dixit). Pero es que si la cantera también fuera de élite al Madrid lo entrenaría un teletubbie.

Si el equipo de las galaxias perdía 2-0 al término del primer tiempo fue, además de por el mérito local, porque en el Madrid no hay nadie por delante del centro del campo, lo que sigue es un abismo, no hay referente, de modo que el centrocampista con el balón no tiene más alternativa que jugar en horizontal, retener la pelota y, como consecuencia de ello, perderla la mayor parte de las veces.

Raúl no es un ariete puro y como no está bien decide bajar para entrar en contacto con el juego y sentirse de algún modo útil. Ocurre algo parecido con Zidane, cuya principal virtud es el último pase, pero no el remate. Conclusión, los jugadores se amontonan en el centro del campo, nadie abre una banda (si acaso Figo) y todo es una repetición de movimientos, Helguera, Beckham, Guti, uno que baja para tocar de espaldas, los de antes otra vez, sálvanos Zidane, inventa algo Figo o vuelve pronto Ronie.

Pero incluso con este mal planteamiento, el Madrid puede ganar un partido, fíjense si será estupendo entrenar a este equipo, mejor que un sueldo Nescafé. Se demostró en la segunda mitad, cuando consiguió empatar en un arreón que apenas duró un cuarto de hora, dos tantos de furia y talento, cero pizarra. Sin embargo, esa igualada, aunque hubiera sido defi nitiva, no hubiera dejado de ocultar un hecho: no hay un plan para solucionar los problemas.

Con bastantes jugadores de talento (Iraola, Del Horno, Yeste, Etxeberria...), el Athletic apostó por el fútbol sencillo, el más directo, sin trigonometrías: presión, juego por las bandas, balones rápidos en el medio y un delantero centro de los que limpian, fijan y dan esplendor; de los que están en su sitio.

Aunque le ponía corazón, el Madrid era incapaz de sacar un balón con criterio, horribles Guti y Beckham, fatal Solari, Raúl en el limbo. Sólo un gran disparo de Figo que buscaba la escuadra puso en problemas a un fantástico Aranzubia.

También estuvo mal Helguera. El primer gol del Athletic fue propiciado por un error suyo, un mal pase con el exterior, una frivolité imperdonable para un central. Yeste se entretuvo con el balón y lo remató como hacen los muy buenos, junto a la cepa del poste. El segundo tanto fue más signifi cativo. Delató la total incompetencia del Madrid para defender los balones por alto. Tiko lanzó una de esas pelotas que tardan en caer y Urzaiz se comió a la defensa hobbit y lo cabeceó a gol.

Tras el descanso vino la reacción madridista, los goles de Raúl, el segundo magnífico, gran pase de Figo para la incursión de Roberto Carlos, el único elemento sorpresa que ofrece el equipo. Pero toda aquella suerte que se acumulaba en los primeros dos tercios del campeonato se ha acabado, tenía que pasar.

El Athletic remontó el vuelo y volvió a dejar en evidencia a su rival a balón parado, cabezazo de Del Horno, solito. Que me aspen si estas jugadas no indican falta de entrenamiento. El cuarto tanto fue un error de Salgado que aprovechó Del Horno para internarse, dejar sentado a Helguera y marcar (a propósito) por debajo de las piernas de Casillas. Luego dicen que no hay laterales izquierdos en España.

Lo que siguió fue el Madrid zarandeado y San Mamés gritando olés, Borja por Zidane (cambio revolucionario) y esa sensación de que hay un gran equipo que no sabe qué le ocurre porque no se lo explica nadie.

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