El mejor coche no siempre gana
En la página 29, dentro de la sección Más Motor, Carlos Miquel nos envía desde Malaisia la telemetría del circuito de Sepang. Ahí aparecen diversos parámetros, que condicionan el rendimiento de los coches, según el tipo de circuito del que se trate. Sepang resulta especialmente duro para los frenos. Se desgastan mucho. No es de extrañar. Entre sus diez curvas resaltan tres de 90º, una de 120º, otra de 180º y una más eterna, de casi 360º. Y hay que pasar por cada una de ellas hasta 56 veces. Luego está la influencia del peso del combustible, el consumo, el nivel de adherencia, el apoyo aerodinámico... Todas estas variables deciden una carrera.
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Está bien saber estas cosas, para comprender la complejidad de la Fórmula 1. Desde una visión simplista, una carrera la gana el coche que más corre. Pero no es así. Si lo fuera, Ferrari ganaría todas. Sepang no es un circuito que le favorezca particularmente. De hecho, Schumacher ha ganado allí sólo dos carreras de las seis en las que ha participado, un mal resultado si se compara con el balance que presenta en el circuito de Spa, en Bélgica: once carreras, seis victorias. Por eso todos estamos tan optimistas sobre las posibilidades que tiene Fernando Alonso de ganar el domingo, carrera que se celebra a nuestras ocho de la mañana.
Además, las posibilidades de Alonso aumentan porque Renault usa neumáticos Michelin, y Ferrari, Bridgestone. Unos y otros tenían que ser igualmente buenos, y así es, pero la misma complejidad de la Fórmula 1 provoca que unos rindan mejor que otros en determinadas circunstancias: el calor, por ejemplo. Los compuestos que llevan los distintos neumáticos hacen que, realmente, haya diferencias. No son apreciables a simple vista, pero basta que provoquen una desigualdad de una décima por vuelta para que, al final, un coche pueda sacar a otro 5,5 segundos. Suficientes para ganar o perder. Y esta vez la ventaja juega a favor de Alonso.
