Yo digo Pedro P. San Martín

Maquillados por las faltas

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Los dos goles de falta del Real Madrid tienen una lectura rápida y evidente: a los blancos les faltó pegada natural sin Ronaldo. Raúl no estaba en suficientes condiciones para tanta batalla y por esa punta cojearon los de Queiroz. Los lanzamientos de Beckham y Roberto Carlos fueron los parches a la triste realidad del nulo juego de área madridista. El capitán renqueó con su tobillo tocado, maniatado por Milito, sin foco hacia Zidane, que era su enlace hacia la gloria. Dos faltas milagrosas mantuvieron vivo al Madrid, cuando según el orden del manual, debía ser el Zaragoza quien buscara el golpe de suerte para evitar lo peor.

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Más de una hora estuvo chocando el Madrid tercamente con Milito y Álvaro por la inoperancia en el último pase. Víctor Muñoz dio una lección de pizarra, dejando que la fantasía de Zidane y la rabia de Figo murieran a pies de su línea de cuatro. Allí, Raúl naufragaba sin aire, sin apoyo, sin Ronaldo. Ronie fue el jugador del partido, por su ausencia.

El Zaragoza fue fiel a sí mismo, plantando batalla con una claridad táctica soberbia. La presión, la salida, el repliegue y el valor fueron sus credenciales. No se sintió nunca acomplejado, ni siquiera cuando le tocó jugar con diez.

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