Madrid-Zaragoza: De Montjuïc al cielo
Los madridistas buscan el título once años después. El Zaragoza propone ilusión y lucha contra el talento. Raúl hará de Ronaldo. Villa será la llave

Toda la Copa, los malos campos, el barro, esas eliminatorias a doble partido que nos ponen tan nerviosos (porque son la cobardía de los grandes), la falta de importancia que le concede a este torneo la Federación (mangazos aparte), todo eso, vale la pena por la final, por el ambiente de esta noche, por los colores, por la gente, y ya sé que no son buenos tiempos para la lírica. La final llega demasiado pronto, también lo sé, rodeada de malditas distracciones, pero el fútbol tiene la capacidad de abstraer y de abstraerse, y cuando se suba el telón nos meteremos en ese pequeño mundo que son los grandes partidos, nada por delante y nada por detrás, sólo fútbol, no te pongas delante.
Todos los que despreciaron la Copa, los que se quedaron por el camino y no les importó mucho, se lamentan hoy aunque no lo digan y hacen como que no ven pero sin quitar ojo, hubiera valido la pena por esto, las finales son distintas. Y lo sabe bien el Madrid, once años sin un Copa del Rey, de ahí su ansia.
Real Madrid y Real Zaragoza (insisto en lo de Real porque repatea a ciertos equipos que les quiten el Real, es como si les tutearan sin permiso) han jugado esta temporada en dos ocasiones y han empatado en ambas (0-0 y 1-1), lo que no da muchas pistas sobre lo que sucederá, más allá, claro, del aparente desequilibrio que provoca la fama y la salvaje concentración de talento.
Sin embargo, hoy no será un encuentro que se gane con la fama y, quizá, tampoco el talento sea suficiente, porque la calidad se compensará con la motivación absoluta de un equipo que hace muy poco estaba herido de muerte y que ahora se maneja con la alegría de los recién resucitados. Y son escurridizos los resucitados.
Dijo Víctor Muñoz que el Zaragoza gana en ilusión y es verdad. Y no es demérito del Madrid, conste, porque debe ser muy complicado concentrarse en un solo objetivo cuando hay tantos desafíos alrededor, es imposible no tenérselo un poco creído cuando lo que te crees es cierto. Y ese punto de tranquilidad, esa probable falta de histeria, juega en contra del Madrid y a favor del Zaragoza. Hay partido, por tanto.
En la alineación del Zaragoza sólo habrá una novedad con respecto al equipo que jugó en el Bernabéu: Savio entrará por Cani, una apuesta por la experiencia en perjuicio de la sorpresa; algún día será el día de Cani. El Madrid jugará con Raúl en punta y una segunda línea de ataque con Figo, Zidane y Solari. Impresiona cualquier cosa que se diga de los galácticos, un poco ingenuo señalar los problemas de gol que tiene el equipo sin Ronaldo, pero los tiene.
La presión que ejercerán los zaragocistas en el centro del campo, incluso un poco más arriba, en la defensa rival, será una de las claves del partido. Lo será también la capacidad del Madrid para superar ese agobio, para abrir caminos hacia Raúl, para despejar las carreteras de Zidane. Esta guerra se decidirá en el centro del campo.
Si el Madrid tiene algunos problemas de gol, mucho más se podría decir del Zaragoza, que fía toda su pólvora a Dani, sólo a él, recién salido de una lesión. Villa se basta para enloquecer a cualquier defensa, pero es imprescindible que alguien remate sus balones.
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Son encuentros en los que quien marca el primer tanto tiene el partido medio ganado, no descubro nada, partidos en los que más de dos goles son casi un milagro.
Más allá es arriesgadísimo hacer un pronóstico, es perder el dinero que tienes en el bolsillo, equivocarte seguro, hay tantos elementos que influyen en una final, del árbitro al gol de churro, que resulta absurdo jugarse la credibilidad por algo así, hasta estúpido, pero yo no puedo evitarlo: empate a uno, prórroga y penaltis. Lo tuve claro cuando supe que ningún equipo los ensayó.