Iker no será titular por tercera vez en una final
Apoyará a César y al resto del equipo desde el banquillo


Lo que son las cosas. Iker Casillas es el portero titular del Real Madrid, pero mañana en Montjuïc jugará César. Es la tercera final que se pierde y eso que las intervencione del guardameta siempre han sido decisivas.
La primera en la que el madridismo le echó en falta fue el 6 de marzo de 2002, la del Centenariazo. La que gana el Deportivo con César defendiendo la portería. La imagen de Casillas meditando en el banquillo, sólo, cabizbajo, pero no resignado a su suerte, aún está en la retina de los que les gusta el buen fútbol.
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Su segunda ausencia fue la final de la Copa de Europa contra el Bayer Leverkusen, el 15 de mayo de 2002 en Hampden Park. Casillas dejó de ser titular ante el Oporto y se confirmó su nuevo estatus de suplente en la final de Copa. Esa noche, el meta lo tenía tan asumido que, excepto su padre y su hermano Unai, nadie de su familia viajó a Glasgow. Fueron sus peores momentos, sus días más duros. Pero se mantuvo en silencio, nunca levantó la voz ni se quejó de nada. Sin embargo, esa noche tuvo el mejor fi nal posible. César se lesionó en el minuto 66. Cayó mal en una salida, se torció el pie y Casillas salió sin calentar. Dio igual porque fue el héroe del partido. Salvó tres goles cantados en el último suspiro. Esa noche lloró de rabia y de felicidad. Fue su gran momento.
Mañana será distinto. Con sólo 22 años es todo un veterano. Sabe que es el portero titular y le gustaría jugar, pero ya ha dicho públicamente unas cuantas veces que lo más justo es que lo haga César porque ha empezado y debe acabar la competición. Iker jugó la ida y la vuelta contra el Eibar, pero sabe que este no es su torneo. Él, mejor que nadie, sabe lo que duele desaparecer de un plumazo. Quiere esta Copa como el primero y apoyará a sus compañeros desde el banquillo. Le tocará morderse las uñas, pero apuesta por el blanco.