Un Atlético de chiste
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El sábado tenía un cumpleaños en casa de un amigo antifutbolero de los de verdad, de esos que lo dicen incluso cuando no hay mujeres delante. El caso es que, en un alarde de profesionalidad y aprovechando un momento en el que todo el mundo peleaba por la última medianoche, agarré el mando y puse al Atleti. Ojalá hubiera tenido más hambre. Fue encender la tele y comenzar el show de los payasos. Primero, en un balón al que Kovacevic no habría llegado jamás, Simeone intentó darle con la mano y, en vista que su compañero no lograba el objetivo, Lequi agarró al delantero asegurando así el ansiado penalti. Luego, el Cholo se tomó cumplida revancha al meter en su portería una pelota que iba a las manos de Aragoneses y sentenciar así el partido.
Dirán ustedes que el gafe soy yo (¡ja!, no conocen a Manolete), pero es mentira. Casi nada va bien en este Atlético, que ha utilizado más jugadores que un equipo de la NFL, que se cree que juega al balón prisionero y cuando tiene la pelota se la lanza inmediatamente al rival (y Movilla exhibiéndose en el Zaragoza...), que es, en definitiva, un desastre. ¿Y Manzano? No sabe, no contesta. ¿Que Arizmendi lo ha hecho bien de titular? Pues yo saco al inédito Olivera para solucionar los problemas contra la Real. Un misterio. Yo sólo sé que una amiga que en la final del Mundial 98 me preguntó si jugaba el Madrid (lo juro) acabó viendo el partido interesadísima y riéndose como si fuera una peli de los hermanos Marx.
