Primera | Real Madrid 1 - Zaragoza 1

Aviso del Zaragoza

Los zaragocistas perdonan al Madrid a tres días de la final. Casillas y Movilla, geniales. Drulic, al palo

<B>PORTIGOL. </b>Volvió Portillo al equipo y volvió a marcar un gol, haciendo honor a su fama de rematador impecable, últimamente en entredicho. Es su primer gol en Liga. Lleva otro en la Copa.
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Dos héroes: Casillas y Movilla. El primero, guapo, pero sin insultar, mozo sano, mayor de diez hermanos que se van de marcha, tipo con suerte, yerno perfecto, Iker presidente (todo se andará), heredero del encanto angelical de Butragueño aunque cuando se enfada dice algo más que córcholis. El segundo, bajito, calvo, cicatriz en la cara, currante, ex barrendero, ex canterano del Madrid pero rojiblanco de corazón, cedido al Zaragoza porque en el Atlético, su club, no creían en él. En común, el fútbol, la capacidad para sostener un equipo y la difi cultad para ser portada a no ser que salven el universo, los reyes de la trastienda, uno demasiado atrás y otro demasiado lejos.

Ambos resumen lo que ocurrió. Movilla, que cumplió el trabajo que suelen hacer mal dos mediocentros, elevó al Zaragoza, lo colocó en disposición de ganar, y Casillas evitó que lo hiciera, un mano a mano con Galletti, al que dio tiempo para mirar al tendido, a su entrenador, a mis papás que me estarán viendo. Tan seguro estaba, que se olvidó del portero e intentó driblarle como si fuera un guardameta cualquiera, ja, de los que se tronchan antes de que llegues. Iker le aguantó y le rebañó la pelota con limpieza Míster Proper (ahora Don Limpio) y el Bernabéu se puso a corear su nombre, el muchacho un poco cortado, nadie recordaba ya su mala salida en el tanto del Zaragoza, básicamente porque no salió.

Por una vez, y sin que sirva de precedente, estuve de acuerdo con Queiroz por reservar (preservar, más bien) a Raúl, Helguera, Figo y Guti, aunque estos dos últimos jugaron en la segunda mitad, nada que reprochar.

Hay que elogiar también al entrenador por entender (por fi n) que el delantero centro suplente es Portillo y no Núñez, que es interior aunque una vez metiera un gol de cabeza. Sería injusto comentar ahora que esos cambios fueron los que igualaron el choque porque de algún modo este enfrentamiento se juega a dos partidos, la ida en el Bernabéu y la vuelta en la fi nal de Copa, y las fuerzas que se han reservado se utilizarán después y las que se gastaron se las ha llevado el viento.

Además, los recambios cumplieron con decoro, incluso con algo más que eso, sobre todo en el caso de Juanfran, que se atrevió, estuvo rápido y metió el centro que valió el primer gol, cabezazo de Portillo, dedos al cielo. Es fácil que con ese remate el chico se haya quitado un peso de encima, se le veía demasiado ansioso, como si alguien le hubiera llamado Van Basten y se lo hubiera creído, como si le hubieran dicho que era víctima de una injusticia y se lo hubiera creído también. Portillo es un gran rematador, cierto, pero todavía debe aprender a jugar al fútbol, a dominar otras suertes.

Pese a las novedades, la mayor sorpresa en la alineación del Madrid fue Cambiasso, que suplió a Guti pasando por encima de Borja, que venía siendo el primer relevo en el doble pivote. A esto nos referimos cuando hablamos de desconcertar a la cantera, de no respetar los turnos. Y no estuvo mal Cambiasso, conste.

El Zaragoza tuvo hechuras desde el primer minuto, defensa sólida, Milito en plan Braveheart, buen centro del campo y delantera interesante, aunque con poco o ningún gol, de ahí la importancia de Dani, que ayer jugó renqueante y fue sustituido. A los diez minutos, los zaragocistasya eran los dueños del partido y el Madrid se la jugaba a la contra, casi siempre por la banda derecha y siempre por los pies de Zidane, al que se podría criticar algunas veces (y que el cielo me perdone) el exceso de arabesco y la falta de pegada. El encuentro, muy estirado y pelín caótico, era bonito, abierto, de esos en los que constantemente parece que va a pasar algo, que se va a romper un plato. Y pasó, claro. Fue el gol de Portillo, ya dicho, al que respondió el Zaragoza con un tanto de cabeza de Toledo a la salida de un córner, cielos qué mal defi ende el Madrid los saques de esquina, no hay nadie que se preocupe del balón, todos se obsesionan con los rivales. Esto lo podíamos entrenar un poco.

Siguió el encuentro igual, emocionante, y ganó mucho cuando saltó al campo Savio, que cuando no se obceca en ejercer de tipo rápido (que ya no lo es), se convierte en un futbolista interesantísimo, de los que lo ven todo y abren caminos, canales y puertos. Suyos fueron dos pases de gol. El primero, el que dejó en boca de gol a Galletti (horrible, por cierto) y el segundo, un balón que remató Drulic al palo.

Figo sustituyó a Juanfran y el Madrid diversifi có sus internadas por ambas bandas, visto que Roberto Carlos estaba ausente. Guti también reforzó el ataque y se situó como segundo punta, pero se sabe también la teoría del mediocentro que ya no se acuerda de nada más.

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Si no hubo más goles fue única y exclusivamente por el pésimo arbitraje de Puentes Leira (caserito), que con dos asistentes como esos no necesita enemigos. No acertaron en un solo fuera de juego y algunos eran de premio. Su único mérito: repartir los errores.

Lo mejor de todo, además de la justicia del resultado, que no ofende a nadie y que motiva a ambos, además del regreso a la normalidad, lo mejor, digo, es es que hay partido en la Copa y que será bueno porque son buenos los futbolistas. Por fin una buena noticia.

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