La ACB, una asociación opaca
La ACB (Asociación de Clubes de Baloncesto), equivalente a la Liga de Fútbol Profesional, quiso hacer público el lunes que había aprobado sus presupuestos. Los de la pasada temporada y los de ésta. Pero oculta las cifras. Quizá esté en su derecho, y es de suponer que ello no implica escapar del control económico que toda sociedad debe tener, bien a través del registro mercantil o de la intervención del Consejo Superior de Deportes (CSD). La transparencia en la gestión nunca está de más, sobre todo en una actividad que es de cara al público. Y, sobre todo, cuando parte del presupuesto procede del dinero de las administraciones.
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El dinero de las televisiones públicas, sin ir más lejos. Podría interpretarse que los 3,2 millones de euros que recibe esta temporada la ACB por las transmisión de los partidos tiene que estar fuera de control, pues se trata de un libre contrato de compra y venta de derechos. Sin embargo, no hay más que recordar cuando, hace tan sólo seis meses, la ACB solicitó, bajo amenaza de no comenzar la liga, la intervención del Estado, a través del CSD, para que TVE firmara un contrato por el que no mostraba ningún interés. Pues parte de esa cantidad va a parar al presupuesto particular de la ACB, del que ahora no quiere rendir cuentas públicas.
Igual que los intereses de los 2,4 millones que los clubes depositan como fianza en la ACB y que, en algunos casos, han sido sufragados íntegramente por los ayuntamientos. Todo este dinero permite pagar magníficos sueldos, que al mismo Portela, presidente de la ACB, convendría aclarar puesto que no ha de ignorar que en medios baloncestísticos se maneja que es de 300.000 euros anuales... de por vida. Como también se dice que todos los sueldos han sufrido un recorte del 10% porque no hay un duro. Todo puede estar muy bien, o muy mal, pero mientras no haya luz y taquígrafos, tampoco puede haber confianza en una asociación opaca.
