Un equipo no resiste que el 75% falle
A un campeonato se va a ganar medallas y, quienes no las tienen a su alcance, a hacerlo lo mejor posible. Lo que no se concibe es ir a unos campeonatos y tener una de las peores actuaciones de la temporada.
Quitamos a Marta Domínguez, a Penti, que sí lucharon con fiereza por el podio, a Gallardo, cuyo quinto puesto era a lo máximo que podía aspirar, y a Manolo Martínez, Reina, Jurado, Ruth Beitia y Nuria Fernández, quienes dieron lo mejor de sí mismos al realizar en Budapest sus mejores marcas del año, y los 24 atletas restantes aún no sé a qué fueron a los Mundiales. Entre ellos, nombres notables: Lamela, Higuero, Mayte Martínez y Glory Alozie.
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Si en un equipo de 32 atletas hay 24 que no dan la talla, supone que el 75% ha fallado. Eso no hay equipo que lo resista, porque todo lo malo se contagia. Empieza por la falta de compromiso de Lamela, que compitió sin garantías porque ha hecho un invierno durísimo para preparar los Juegos. Sigue con toda la gente que es eliminada a la primera, porque han ido con la mínima justita, pero presentan la excusa de que han competido a horas intempestivas de la mañana. Después, algún buenecillo pega el petardazo y es que, de repente, se ha sentido mal. Llueven los pretextos y cunde el mal ejemplo. Es más cómodo disculparse que agonizar sobre la pista. Llega la hora de la verdad y falta ese punto de casta que da la ambición, el querer ser tan bueno, o mejor, que el compañero. Por eso la actuación española en los Mundiales se puede calificar de fracaso. Fracaso de selección, porque no se puede llevar a gente que va a causar desánimo, y fracaso de atletas. Pero tampoco nos rasguemos las vestiduras.
Hay remedio. El año pasado, Italia, Grecia y Bielorrusia no ganaron ninguna medalla en los Mundiales de pista cubierta (en éste Grecia sólo una) y en los de aire libre quedaron entre los doce primeros del medallero, por delante de las cinco de España. Y este verano los Mundiales se llaman Juegos Olímpicos.
