Madrid SOS
Si no es el miedo en sí, es la sensación de que alguien envía señales, como cuando se te cruza un gato negro y acto seguido cae una maceta y te roza el cogote, entonces no es miedo en sí, es precaución, y, aunque no crees en esas cosas, detienes el coche con el semáforo en ámbar y evitas pasar por debajo de una escalera o abrir el paraguas en la habitación, prefieres no provocar, qué necesidad de enemistarse con nadie, pero no es miedo en sí.
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No es la ausencia de Ronaldo ni la de Roberto Carlos, ni siquiera la baja forma de Raúl, son las señales. El equipo galáctico contra el viejo ogro vituperado, el favoritismo, la cantada del portero, la burla consiguiente. Todo demasiado fácil, evidente, perversamente claro, para que todo el mundo se equivoque y luego se lamente en masa, los llantos típicos, de diez eliminatorias hubiéramos ganado nueve; pero no había que ganar nueve sino una, esta.
No es miedo en sí, es precaución, porque, aunque no siempre ocurre, el fútbol anuncia así sus maracanazos, por eso es tan importante indignarse con la sanción a Roberto, por eso es esencial indignarse con la UEFA, indignarse en general hasta contagiar al Bernabéu, para, al sentirnos víctimas, ahuyentar la sorpresa. No es miedo en sí, si acaso terror.