David Villa vuelve a marcar la diferencia
El Guaje desequilibró un partido marcado por la expulsión de Duda

David Villa es uno de esos jugadores impagables (como Tamudo). Sin precio por tener esa constancia durante todos los minutos del peor de los partidos. Como ayer. Él mantuvo la tensión, la viveza y se aprovechó de un gran pase de Yordi para marcar el 1-0: tercer triunfo seguido, ya queda menos para la salvación aragonesa. Amaneció la tarde con la indignación de miles de abonados que se habían quedado sin entrada para la Copa después de una mañana de cuchillos largos en el Auditorio. Tocaba pues bronca contra el palco, gritos contra la gestión... Pues no. El partido tampoco llamaba a ninguna revolución, y nadie se contagió.
Fue curioso ver cómo al Zaragoza le costaba acomodarse al juego sin Dani, mucho más manejable que Drulic. Ni Galletti ni Cani encontraban ese apoyo en las bandas, la pared para el desborde, si bien es cierto que el serbio hizo la mejor jugada de la primera parte. Se plantó solo, algo escorado, ante Arnau (con todo el sol en la cara), pero eligió centrar y allí erró.
De ese Málaga volcado en busca de Salva jamás se supo en la primera parte. Edgar fue el mejor y Duda el desafortunado. Dos faltas, dos amarillas. A la calle. Antes Rubinos había equilibrado todavía más la balanza, tragándose en un minuto un derribo a Villa en área local (no hubo fuera de juego previo), y un agarrón a Salva en la del Zaragoza.
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Con diez, igual. El Málaga con diez jugadores fue igual que con once, es decir, inoperante. Decíamos en la previa de ayer que era un equipo de rachas, o muy bueno o muy malo. Pues bien, ayer le tocó la de arena al conjunto malacitano. El Zaragoza se adueñó del segundo tiempo con un Pirri muy mejorado, el mejor Movilla y la buena aportación desde el banquillo de Yordi y Juanele. Acertó Víctor con los cambios.
Y marcó Villa, y el Málaga siguió igual, derrumbado por el mal día de Salva y por la lentitud del reincorporado Romero, que se durmió delante de Láinez.