Atletismo: apoteosis o fracaso
Hay que echar cuentas. Estamos acostumbrados a volver de las grandes competiciones de atletismo con un buen saco de medallas y a estas alturas no llevamos todavía ninguna. También es verdad que el día indicado para ganarlas es hoy, pues las finales programadas en el primer y segundo día tampoco eran las nuestras. No hemos de rasgarnos las vestiduras, pues, porque aún no aparezcamos en el medallero. Sin embargo, las cosas tampoco pintan bien. Ha habido demasiadas bajas por el camino y de los doce atletas que viajaron con alguna posibilidad de subir al podio ya sólo nos quedan cuatro. Ya hay, por tanto, más decepciones que alegrías.
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Como se trata de decepciones colosales, se pueden calificar de fracasos. Porque fracaso es que Mayte Martínez, que llegaba con la tercera mejor marca mundial, no entrara en la final; fracaso es que Higuero, que llegaba con la cuarta mejor marca mundial, no entrara en la final; fracaso es que Ruth Beitia, después de haber saltado 2,00 metros hace dos semanas, no entrara en la final. No hablo de no ganar medallas, sino del hecho de no haber entrado tan siquiera en su disputa. Lo de Lamela es cuestión aparte. Quiso ir con el equipo sin estar en forma y emborronó su palmarés, porque a unos Mundiales se va a competir, no a ver qué pasa.
Odriozola, el presidente de la Federación que se caracteriza por acertar en sus pronósticos, vaticinó seis medallas. Ya no serán seis. A lo sumo cuatro... si nadie falla esta tarde, lo cual es harto difícil. De los nombres que quedan y que apuntó como posibles medallistas, Alozie ha perdido chispa, Redolat se enfrenta a cuatro africanos, Manolo Martínez compite en una prueba en la que los triunfos se reparten y Marta Domínguez apelará más a su casta que a su estado de forma. A poco que estos tres lo hicieran bien, asistiríamos a una apoteosis, porque tres medallas en quince minutos no se ganan todos los días. Es lo único que taparía los fracasos.
