Gail Devers, aire fresco para América
La velocista estadounidense se impuso a Christine Arron en la final de 60 m lisos, a la que Merlene Ottey no pudo acceder a los 44 años por una milésima.


Dos bajo cero y montañas nevadas en Budapest. Muchísimo calor en la investigación federal sobre el dopaje de diseño en EEUU, una carga de dinamita bajo el atletismo, el béisbol profesional y su fútbol de mastodontes. Y es Gail Devers, una superviviente del Mal de Graves, la única inyección que recibe entre la nieve húngara el agonizante atletismo de EEUU. Y es Jason Gardener quien limpia para los ingleses la vergüenza de Dwaine Chambers, otro pillado en el lío del THG.
Porque la cosa americana sí que está agonizante: con los y las velocistas bajo sospecha, con Marion Jones y su pareja Tim Montgomery llamados a declarar por los detectives federales en el Caso Balco, y con el tiempo de televisión y los anunciantes hundidos en las profundidades, el atletismo que alumbró a Lee Evans, Bob Beamon, Tommie Smith y Bob Hayes vive en unas tinieblas que, curiosamente, pueden aclararse como la investigación del mismo Caso Balco siga echando basura sobre los grandes beisbolistas de músculos hormonados.
Levantó el vuelo. Al menos les queda Gail Devers, ya con 37 años. Gail estuvo cerca de perder los pies por el Mal de Graves. Faltó poco para que se los amputaran. Amunicionada por su arsenal de medicación buena, como Armstrong o como el regatista Kevin Hall, la pequeña bala de Seattle recriada en National City, California, levantó el vuelo de la mano de otro hechicero tenebroso: Bob Kersee, el brujo que edificó los récords nucleares de esa Florence Griffith que ya no está entre nosotros.
Noticias relacionadas
Así las cosas, Devers es de lo poquito que les queda a estos americanos avergonzados. En la final de 60 lisos, Gail sí que avergonzó a la celestial Christine Arron, tan celestial y tan diosa caribeña, que no desciende a la cutrez de las medallas, salvo en casa y con ayuditas. A dos meses de cumplir 44 años, Merlene Ottey no pasó a la final por una... milésima.