Las piernas de Gail
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Merece la pena fijarse hoy en las piernas de Gail Devers, la estadounidense de 37 años, licenciada en Sociología, que quiere ser campeona mundial de 60 metros lisos y con vallas. Pero no les estoy haciendo una invitación erótica, sino que les llamo a que comprueben por la tele que no hay en el atletismo corredora con semejante musculatura. Las piernas de la chica de Seattle están lejísimos de lo que se pide en las pasarelas de la moda, pero en las pasarelas de la velocidad son famosas. Nada que ver con Marion Jones, por supuesto. Ni con Merlene Ottey, desde luego. Gail Devers es una atleta potentísima que en 1989 y 1990 peleó duramente contra una extraña enfermedad hormonal llamada Mal de Graves, que a punto estuvo de llevarla a la amputación de sus pies. Pero venció. Después ha ganado medallas olímpicas y mundialistas a espuertas.
Admira a la fallecida Florence Griffith, la todavía plusmarquista mundial de 100 y 200, que murió extrañamente, mientras dormía. Y de ella copió la moda de exhibir larguísimas, retorcidas y coloreadas uñas, pintadas con la bandera norteamericana y semejantes a las de un felino. No se sabe si hoy las lucirá, porque lo mismo que las enseña un día, como una pantera negra sonriente, se las corta otros (¿serán postizas?); con semejantes garras tiene dificultad hasta para comer. ¿Las llevará en esta ocasión?
