El miedo es libre
Resulta sorprendente el cambio de actitud en el seno del Sporting. El domingo, en las instalaciones del Arcángel, el autocar del Sporting era un rugir contra Arcas Piqueres. Incluso Vega-Arango se mordió la lengua para no soltar improperios contra el colegiado alicantino, que no faltaron en los componentes de la plantilla, que sufrieron más de cerca los absurdos errores de un colegiado, que demostró poca capacidad para impartir justicia.
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Sin embargo, el gremio arbitral suele cerrar filas cuando se ven increpados, sin tener la valentía de admitir sus propios errores. Los jugadores lamentan que cuando tienen una cadena de fallos suelen tener como recompensa el banquillo o la grada. En el campo arbitral no pasan esas cosas y se mueven otros intereses. Por eso surge el temor en las filas del Sporting y se observa un cambio radical en las manifestaciones para tener una postura falsa con una prudencia interesada.
Se cambió el discurso por una postura que se entiende inteligente. Saben que exponer razones a través de una protesta no tiene un efecto lógico con el gremio arbitral, que suele ser rencoroso. En el club no se olvida que hace unos años el Atlético perdió una Liga que arañaba por las quejas airadas de Alfonso Cabeza en su etapa presidencial. En Mareo hubo recomendaciones para frenar las lenguas en contra de los árbitros, por mucho dolor que hayan causado. Para evitar males mayores, los rojiblancos están dispuestos a tragar quina a granel y poner la otra mejilla. Admiten que el fútbol funciona así. El miedo es libre y, a veces, parece que obligado.
