Chicago ejecutó a su pelota maldita
La bola que pudo llevar a los Cubs a la Final de las Series Mundiales fue destruida. El aficionado que la interceptó debió emigrar a otro estado.

Nadie conoce dónde vive Steve Bartman, 26 años, asesor financiero, entrenador de un equipo infantil de béisbol. Algo es seguro, ya no vive en Illinois. Si la bola que él interceptó impidiendo la victoria de su equipo fue incinerada el pasado viernes, quién sabe lo que podrían hacer con él, nada bueno.
Bartman, cuyo apellido coincide con el nombre que recibe el dibujo de Bart Simpson disfrazado de Batman (imaginen la guasa), acudió a ver a su equipo el pasado 14 de octubre. Los Chicago Cubs estaban a punto de eliminar a los Marlins y clasificarse para la Serie Mundial de las Grandes Ligas de Béisbol, algo que no conseguían desde 1945. Era un gran momento. Muchos empezaban a pensar que los Cubs estaban gafados, el título de campeón se resistía desde 1908.
Sin embargo, la bola decisiva voló por el cielo del Wrigley Field hasta desplomarse entre el campo y una de las gradas. Alou, jugador del Cubs, tenía la situación controlada, la bola era suya, el bateador de los Marlins eliminado, el partido casi ganado (3-0), la gran final. Pero entonces surgió Bartman, le arrebató la pelota y desbarató la jugada. Los Cubs se hundieron y los Marlins remontaron. Bartman abandonó el estadio entre insultos y durmió aquella noche con su casa rodeada de policías. Luego, se esfumó.
Gran subasta. La bola ni siquiera se la quedó Bartman, sino un abogado que decidió subastarla y pagar con ese dinero la educación de sus hijos. El propietario de una cadena de restaurantes pagó por ella 130.000 dólares y decidió ejecutar la pelota maldita en un acto público con televisión en directo, un exorcismo muy rentable.
Hay quien dice que Bartman toma ahora el sol en Florida, haciendo uso de las numerosas invitaciones que recibió de los aficionados de los Marlins: hoteles de lujo, limusinas, un puesto de trabajo en una emisora de radio, hasta un local nudista le ofreció espectáculos gratis de por vida... Gloria Stefan le ha invitado a su restaurante e incluso el Gobernador Jeb Bush le ha ofrecido ayuda. Hollywood prepara una película sobre su vida. Quizá, después de todo, no fue una mala jugada, Bartman.
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Le ofrecieron langosta a la famosa bola
El circo en el que se convirtió la destrucción de la pelota en el Harry Careys Restaurant incluyó un trato a la bola como si de un reo de muerte se tratara. La dieron un masaje y ofrecieron su última comida: un bistec y una langosta. Cientos de personas abarrotaron el local y consideraron adecuada la inmolación del objeto: "Se trata del símbolo de un nuevo comienzo", afirmaba sin tapujos una fan de los Cubs. La ejecución fue realizada por el técnico en efectos especiales Michael Lantieri, que intervino en películas como Parque Jurásico o Regreso al Futuro. Usó una combinación de gas, calor y explosivos.