Primera | Betis 1 - Sevilla 1

Manuscrito carmesí

El Sevilla prolonga su racha en Heliópolis y merece ganar el derby, pese al penalti de Alves y la expulsión de Antoñito

<b>TENSIÓN TOTAL.</b> Benjamín y Antonio López discuten con Pino Zamorano un lance del derby caliente que se jugó ayer en el Ruiz de Lopera.
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

Diez años de manuscrito carmesí, tras una docena de tarjetas y tras soportar a Pino Zamorano. ¿Ve usted, señor Ruiz de Lopera, cómo este rival rojo como la sangre no es el Albacete? No: lo que hace el Sevilla convierte el pasto verde del Betis en un manuscrito carmesí, puesto que ellos dicen que su color es el carmesí. Es así desde 1995. ¿Pero es un manuscrito? No: una convulsión, un espasmo continuado. La erupción de Nervión que obliga al Betis a moverse como en un océano de lava roja, carmesí o escarlata, atacado por un enjambre de avispas asesinas con alas carmesíes. ¿Alas carmesíes? No: alas y balas...rojas.

Hay en Centroamérica un insecto parecido a una hormiga, el zimpopo, que suele terminar sus días liquidándose a sí mismo por pura cólera. Pero la cólera del Sevilla está tan organizada como el magma de un volcán que te va atosigando, que va cegando el sol de Heliópolis, la Ciudad del Sol, y que termina reduciéndote a ceniza de Cuaresma si antes no te refugias donde el Gran Poder, Don Manuel. Ya sabemos lo que le pasó a aquellos pobres de Pompeya que no pudieron escapar del Vesubio. Y como también hay quien compara a Sevilla con Roma...

Superioridad. Lo que sí está claro en Heliópolis, y más claro aún incluso desde que el Betis empieza agarrado a la manita de Alves, es que el Sevilla sabe exactamente lo que quiere: le da igual acorralar al Betis que estrangular al Betis. Porca miseria, Don Manuel: porque así le gustaría al presidente del Betis que corriese su equipo, el llamado Real Betis Balompié. Con los restos de Alfonsito esparcidos por las cuatro esquinas, y con Benjamín en retirada, ante la carga de Caparrós, al Betis sólo le cuadra un califi cativo: patético. Y la presión del Sevilla resulta conmovedora.

Pero el Betis sólo piensa en defenderse como puede, en no perder el balón. Pero lo pierde, sufre una hemorragia de pérdidas. Y, como todas las sangrías, tiene el color rojo o escarlata. Porque el Betis es la presa encerrada en las cuerdas por el agresor que ha salido de aquellas cuerdas del 1-0 pegando y corriendo a ritmo maníaco.

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En la presión magnética del Sevilla no existen las palabras fatiga o náusea. No hay umbral anaeróbico, no hay ácido láctico. Hay una parada fantástica de Esteban que limpia la escuadra. Desde ahí, el vértigo acosa al Betis. Señor del Gran Poder, cómo corren estos sujetos carmesíes. Si son diez, menos Antoñito, parecen 20 gracias a tiarrones como Baptista o los dos centrales. Y eso que el listo cacique Pablo Alfaro apenas empuja. Eso, en su caso, es como si a Sir Francis Drake le hubiesen quitado las tibias y la calavera de su bandera de corsario. Si el doctor Alfaro no enarbola la bandera negra de los bucaneros en el corazón del área del Sevilla, algo nos falta.

Pero el del Sevilla es hoy un estandarte de rebelión, la organización de Caparrós: ahora ya sabemos por qué los biris entraron en casa de Don Manuel bajo esta pancarta: "Ave, Lopera, los que van a ganar te saludan". No ganaron porque Darío Silva falló con la puntilla casi en el minuto 90. Pero el que no les gana "a ellos" es el Betis. Es posible que el Betis le gane al Albacete. Pero al Sevilla, no. No en Heliópolis, no desde 1995.

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