Primera | Betis-Sevilla

Cuestión de honor

El Betis buscará romper la maldición de Caparrós y conseguir su primera victoria sobre el Sevilla en Heliópolis desde 1995.

<b>RAYA Y STOP.</b> Pablo Alfaro hace la raya ante el área del Sevilla. Ito pone el stop en el cruce de caminos del mediocampo del Betis. Podría ser al revés: Ito hace la raya y Alfaro indica la dirección prohibida. Cuestión de gustos y colores.
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

Esto es más trascendente que todo lo que Bill Shankly pudo decir en Anfi eld, Liverpool, sobre la grandeza del fútbol y su gravedad ante la vida o la muerte. A ver cómo les explico yo que de el partido de esta noche dependen los pulsos vitales cientos de miles de corazones y de almas en una ciudad destripada por obras, jartita de paro y asfixiada por el tráfico.

Esta ciudad, Sevilla, es de apariencia amable pero de naturaleza talibana: sabe sacar los intestinos al enemigo sin herirle

físicamente. Aquí, el alma de Bill Shankly vuela en las palabras de una mujer que canta sensacionalmente bien: Isabel, la señora de Ruiz de Lopera, que nos dejó una frase defi nitiva: "Ya pueden decir lo que quieran, pero no hay un triunfo que haga más feliz al buen bético que cuando se le gana al Sevilla, y si es en su campo, mejor". Dicho y esculpido eso, nos limitaremos a añadir: el Betis no le gana al Sevilla, en absoluto, desde la temporada 1996-97: fue 0-3... en el campo del Sevilla.

Víctor Fernández jamás ha batido a Caparrós en sus duelos de eterna rivalidad. Ni Víctor Fernández, ni ningún otro entrenador del Betis contemporáneo.Desde 1995, cuando el campo del Betis aún se llamaba Benito Villamarín, Don Manuel Ruiz de Lopera y todo su estadio no han podido saborear una derrota del Sevilla en Heliópolis. Toma cuestión de honor... y toma rearme

psicológico.

Alfaro. Lo que cualquiera puede pensar es que en este equipo del Sevilla F. C., el de la casta y el coraje, se produce un tráfico de fluidos o de iluminación sustancial.

A ver cómo lo explico: ellos querrían que su enemigo natural fuese el Real de Madrid, pero no pueden apartar de sus vidas la sombra molesta y verde del Real Betis Donmanué.

Así que como en este Sevilla, Caparrós no puede ni quiere conseguir que nadie se convierta en Beckham o Zidane, el entrenador de Utrera tira del repertorio que aprendió cuando entrenaba al San José Obrero o al Conquense: Más cornás da el hambre, dicen que dijo Manoliyo el Espartero antes de que lo matara el miura Perdigón.

Más cornás da Pablo Alfaro. Esto no lo dice Caparrós, pero se intuye en el despliegue hambriento de su Sevilla, que, por esa razón, el hambre bucanera del barbas Alfaro, ha destazado a los exquisitos equipos riquitos elaborados por el señor esposo de la señora de Ruiz de Lopera.

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Esto y ésta es Sevilla, atascada al borde de la primavera y del infarto. Al que pierda hoy (y para el Betis, empatar es casi perder) sólo le quedarán los negros capirotes del Silencio.

Pino reventó una huelga y echó a Alfonso

Alfonso, que no ha matado una mosca, no lo puede ver. Alfonso Pino Zamorano (23-6- 1972), madrileño de Carabanchel, atlético confeso, ha sido el único que le ha expulsado en su carrera. Lo hizo en su debut en Primera, el 29 de noviembre de 1997, cuando actuó como esquirol en la huelga de árbitros. Por los servicios prestados, fue ascendiendo escalones y formando líos a la vez. Su último derby es su retrato: seis expulsados en el Espanyol-Barcelona, lo que le convierte en el recordman nacional de tarjetas rojas. Dice Benjamín que es "muy malo, nos ha mangado varias veces". Lo piensan todos. Ni Sevilla ni Betis lo pueden ver. Gallardo todavía espera que expulse a Coloccini, por el pisotón en su talón en un Alavés- Sevilla. Ninguno de los dos ha vencido en su estadio con Pino Zamorano, el peligro público del derby.

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