La política de desapego
Florentino Pérez y Jorge Valdano han sufrido un lapsus valorativo postpartido. En lo que he leído y he oído no encuentro un elogio a Casillas. No han dedicado ni una referencia pública, grane o pequeña, al soberbio trabajo del muchacho. Supongo que en las gélidas butacas del Olímpico se vio el mismo partido que en el resto del mundo y que los jefazos del Madrid fueron testigos de que Iker salvó la Champions en noventa minutos. Habría sido políticamente correcto que, entre cámaras y micrófonos, hubieran lanzado un piropo al guardameta. Por menos méritos, el presidente y el director general reparten flores a otros Galácticos que, eso sí, han costado millones de euros.
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Como estoy seguro de que a Florentino y a Valdano les encanta Casillas, busco maliciosamente la razón de esta ausencia de cariño en un móvil económico. Quizás es que cada piropo le podría salir al presidente por un pico en la próxima renovación del joven portero. Y que está un pelín cansado de la inflación provocada por los agentes que negocian con portadas de periódicos bajo el brazo.
Pero hay un riesgo de fondo en esta política del desapego. Un futbolista se engancha por cariño o por dinero a un club. Si no le das mimos, el día menos pensado te pedirá pasta. Y me da la onda de que a Casillas les vendría bien un elogio público para que dé la espalda a las tentaciones que llegan desde las Islas Británicas. Florentino y Valdano no pecarían si reconocen que es el mejor portero joven del planeta. Salvo que sus conciencias no se lo permitan.