Liga de Campeones | Deportivo 1 - Juventus 0

Escapó con vida

Luque dio la victoria a un Depor que mantuvo su meta a cero, pero que mereció un triunfo más holgado ante una pobre Juve

<b>UN GOL DERENTA</B>. Albert Luque, que cuajó un buen partido, fue el autor del único gol del partido con su zurda de oro.
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Pudo acumular el Deportivo una renta más holgada, no regateó merecimientos, pero la imbatibilidad de Molina en el encuentro de anoche pondera aún más el triunfo deportivista. El 1-0 obliga a sufrir en Delle Alpi, algo que se adivinaba antes del arranque de la eliminatoria. Pero el Deportivo tiene la buena costumbre de marcar siempre, algo que obligaría a los turineses a marcar tres. Y qué quieren que les diga, con los ocho jugadores que tiene en tareas defensivas, se antoja complicado.

De salida se confirmaron las sospechas. Lippi arremangó a su gente con un trivote de esos que tan poco gustan a espectadores y rivales, pero tanta tranquilidad aportan al que lo perpetra. Appiah, Tachinardi y Zambrotta blindaban el área de Buffon. Él sabía por qué lo hacía, como se confirmó a los cuatro minutos, cuando Legrottaglie regaló un balón a Valerón para que éste asistiera a Diego, la versión lenta de Tristán. El fallo quedó en susto y bronca. Los italianos demostraban que saben correr y el Depor, algo atropellado, ejercía de malintencionado anfitrión. Los coruñeses acumulaban méritos, pero la Juve está cansada de merendarse adversarios meritorios. Mientras, Veissiere ofrecía un arbitraje llevado al europeísmo más superlativo (gesticulante y permisivo).

Valerón descubrió que su hábitat natural, a la espalda de los pivotes y por delante de la defensa, estaba desocupado. Y allí instaló la fábrica de fútbol del Depor. Enfrente, Del Piero hizo acto de presencia apretándole el nudo de la corbata a Jabo con un disparo desde 30 metros. Con la banda izquierda colapsada por la trinchera que colocó Thuram, Valerón le hizo varios guiños a Víctor, que doblegaba a Pessotto con suficiencia.

La media hora fue saludada con un mano a mano de Del Piero y Molina en el que el valenciano se disfrazó de argentino para aguantar. Siguieron dos jugadas en las que el colegiado demostró tener manga ancha en el área. Ya saben, de esas que son penalti hasta en Mestalla. Enfrascada andaba la grada en cavilaciones arbitrales cuando Scaloni, todo raza, servía un centro al corazón del área que retrató a esta decadente Juve. Thuram, en un mal despeje, se la puso en bandeja a Luque, que fusiló a Buffon. El fútbol hacía justicia. El bocadillo sabía mejor.

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Sin Trezeguet. La Juve amaneció en la segunda parte con malas noticias. Trezeguet, lesionado, hipotecaba las opciones ofensivas a Del Piero y Miccoli, Ibagaza en italiano. Y Montero se echaba la mano al pubis. Sin nueve y sin patrón, Víctor avisó de los briosas intenciones deportivistas. Buffon la contó por centímetros. Instantes después Luque, que estrenaba vigilancia en la persona de Birindelli, abrochaba un zurdazo cerca del palo. El Depor ganaba, pero su ambición no estaba saciada. Conte saludó su salida al campo peinando un balón y Miccoli se desesperaba ante un estático Molina, antes de mandar el balón a la grada. La Juve en estado puro. Con qué poco, tanto...

El asunto es que en Riazor ya han probado la medicina juventina. El partido estaba afilado, amagaba con llegar el segundo gol deportivista, pero con la Juve, "no te creas lo que veas". Y así gotearon los minutos, con un Depor muy digno y una Juventus indigna.

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