Si Muehlegg vuelve a ganar, pues qué bien
Muehlegg se hizo español porque tenía mucha competencia en su país para entrar en el equipo alemán; aquí le dimos un pasaporte de conveniencia por eso, porque nos convenía para que ganara medallas. Pero Muehlegg nos salió rana. Hizo trampas y nos dejó en vergüenza. Nos causó mayor sonrojo que si hubiera sido cualquier otro deportista el causante de la deshonra, pues no tenemos necesidad de que nadie venga de fuera a sacarnos los colores y a aprovecharse del beneplácito, la ignorancia o el desahogo de los organismos deportivos (Federación, consejo y Comité Olímpico), que no se enteraron de los trapicheos que se traía entre manos.
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Ahora todos prometen ser buenos y responsables. Para ello se han establecido unas nuevas normas de juego. Pues qué bien. Borrón y cuenta nueva. Pero las futuras medallas de Muehlegg difícilmente nos emocionarán, después de haber ensuciado el nombre del deporte español que le acogió. Porque ganar, las va a ganar. Tiene 33 años y casos de deportistas que vieron la luz al final del túnel no hay muchos, pero sí algunos. Sobre todo en el atletismo: Julio Rey, Baumann, Saïdi-Sief, Longo, Ludmila Engquist... Estuvieron dos años sancionados y a su regreso fueron tan buenos, o mejores, que antes, aún estando sometidos a una exhaustiva vigilancia.
Baumann fue sancionado con 35 años y a los 37 fue subcampeón de Europa de 10.000 metros; Engquist lo fue con 29 y a los 31 fue campeona olímpica de 100 vallas y a los 32, mundial; Rey lo fue con 27 y a los 30 fue tercero en la maratón de los Europeos y a los 31, subcampeón mundial; Saïdi-Sief lo fue con 23 y este año, con 26, tiene la tercera mejor marca mundial en 1.500. Dos años de parón no suponen un adiós, tan sólo un paréntesis en la vida de los tramposos. Como los reglamentos les permiten la reinserción, Muehlegg no tiene por qué ser menos que cualquier otro deportista en un estado de derecho. Pero la credibilidad con que regresa es cero.
