Invictos en el Lopera
Ilustres reseñas nos ilustran de que tanto en la pizarra del Sevilla, en el vestuario del Pizjuán, como en la pizarra del Betis, en casa de Don Manuel y de Alberto Tenorio, se ha escrito hasta seis veces el mismo nombre: "Betis". Como esa coplilla taurina: en los carteles han puesto un nombre que ya no quiero ni ver: ay, Betis, Betis Balompié. ¿Por qué dicen Caparrós y los suyos lo mismo que hacen decir a Ismael...?
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Hay un sentido, una idea: enseñar el trapo rojo a un rival tan verde que habitualmente entra con nobleza a ese mismo trapo. Con tanta nobleza, que se van a cumplir 10 años desde que la afición del Betis viera inclinarse al Sevilla en Heliópolis. Diremos que el Sevilla aún no ha perdido en el Estadio Manuel Ruiz de Lopera: la última vez que cayó en el campo del Betis (1995), aún se llamaba Benito Villamarín. A cambio, el Betis empezó a ganar en el Pizjuán en el primer partido oficial, que se jugó allí, en 1958: Del Sol y Cardoso. Pero ya no gana allí desde 1996: Olías y Alfonso. Por ejemplo, la señora de Don Manuel, Isabel, sostiene que no hay mayor alegría para un bético que ver ganar al Betis en Nervión. Eso es para béticos viejos y para señoras muy béticas.
El hábil Caparrós, que sabe más que Briján, ya ha puesto por delante el trapo de la pizarra inteligente teñida de Betis, para acercar al sevillismo el dulce del triunfo que mejor sabe: la toma del Lopera. Allí y así empezó la leyenda de Pablo Alfaro: ante Capi. No sabemos si Víctor Fernández, atareado con Gurpegui y Alfonso, tiene conciencia de quién lleva la iniciativa. Parece que él no.
