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Bilardo: ni aunque se encierre 10 años...

Carlos Salvador Bilardo, entrenador de Estudiantes de La Plata, ha decidido quedarse a vivir hasta junio en las instalaciones del club, obsesionado por los errores tácticos cometidos por su equipo en la derrota por 1-4 ante Independiente en el primer partido del Torneo Clausura argentino.

Bilardo.
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La última de Bilardo no me llama la atención ni a mí ni a los argentinos porque lo conocemos. Su problema es que cree que aún está con los Zubeldía, Verón, Madero..., con los campeones del mundo. Entonces piensa que los jugadores de ahora son como los de antes, y ya no son así. El domingo le marcaron cuatro goles al contragolpe y él no lo puede entender, pero el fútbol es lindo por eso, por lo que tiene de inesperado, por dejar claro que por mucho vídeo que utilices, el balón y los jugadores son los que mandan.

"¿Cómo es posible que de cuatro córners a favor nos metan cuatro goles?", se pregunta el Narigón. Y por eso dice ahora que se va a concentrar 60 días, 100, 200; se puede concentrar 10 años y le hacen lo mismo. El fútbol es fútbol, son los jugadores y no tanta táctica como la que Bilardo quiere poner en la pizarra. Con esta droga que él tiene por el fútbol, un día le da y se va al cielo. Está claro que Carlos no ve el fútbol como yo, pero eso, que cada cual vea el fútbol de una manera, es parte del encanto. Bilardo siempre se ha definido como un loco de la táctica, de la marca. En el Mundial-86 ya le ocurrió cuando, nada más ganar a Alemania por 3-2, se lamentaba porque los goles germanos habían llegado en dos centros desde las bandas. Ni siquiera entonces, minutos después de proclamarse campeón del mundo con Argentina, disfrutó a gusto. Hoy día puedes poner a Ayala y Samuel, los hombres que mejor van por alto, y metes a Saviola, un ratón de panadería, y te marca gol. Por eso, porque el fútbol es de listos, no de aquellos que lo basan todo única y exclusivamente en el vídeo y el análisis.

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Bilardo morirá con el pizarrón, con la concentración y los entrenamientos interminables. Han pasado no sé cuántos años y el debate entre bilardistas y menottistas continúa. A mí me gusta más el cáncer de Menotti, que pierde y se toma un güisqui con los amigos. Pero hay una frase que siempre me gustó de Bilardo: "El jugador siempre tiene que mirar la pelota". Incluso cuando acabas de marcar y estás celebrándolo, tienes que mirar de reojo dónde está la pelota. Es una de las pocas verdades que ha dicho. Nunca tuve un entrenador así, obsesionado por las concentraciones. Tuve al Loco Lorenzo en Boca y en la selección, pero él era loco, pero curable. Yo con Bilardo las tuve bravas en mi época de jugador, incluso llegó a romperme la nariz de un cabezazo. Él, como jugador, era un auténtico tronco, aunque era el que mandaba dentro de la cancha, hablaba y no paraba...

Lo de la nariz fue en un clásico en el que yo jugaba para Gimnasia y él para Estudiantes. Me acuerdo que yo le mostré la pelota y, cuando él la iba a tocar, se la quitaba. Se lo hice por segunda vez. A la tercera, me dio un cabezazo y me rompió la nariz. Como entonces no había tarjetas, él siguió jugando. Recuerdo que a los tres minutos de la revancha lo sustituyeron porque los jugadores y la hinchada se lo comían. Bilardo es un personaje, en el fútbol y en todo. Por cierto, dejó la política porque quería ser presidente del país, convocó a la gente en la playa y sólo acudieron cinco tipos. Ahí se le quitaron las ganas de seguir adelante. Es un loco, sin duda. Pero un loco querible. Si te puede dar la mano, te la da.

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