El sueño de los hispanos
En la República Dominicana están de enhorabuena. Disfrutan con su legión de emigrantes a las Grandes Ligas. En las chabolas de Charamico, al lado de Mar de Plata, puede faltar lo indispensable, pero es seguro que encontarás siempre arroz en la cazuela y un enorme televisor con parabólica para no perder detalle de los Sammy Sosa o Guerrero, gente de la tierra, triunfadores gracias a la pelota.
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Alex Rodríguez nació en Nueva York, pero es de la Isla. Sus hazañas son patrimonio de todos los dominicanos, el hijo del vendedor de zapatos que emigró a la Gran Manzana, que regresó y que volvió a marcharse para quedarse para siempre en Florida, donde se formó el niño Alex, entre muchachos hispanos que rompían los guantes de cuero sintético y barato en las canchas de tierra de las esquinas.
Ahora Alex es el mejor pelotero mundial, el primer deportista hispano capaz de ser una estrella mediática de primer orden en los Estados Unidos, el primero en romper los esquemas económicos en los traspasos del deporte profesional, el mejor pagado en una plantilla de galácticos, porque en los Yankees de Nueva York hay otros cuatro jugadores que superan los dos mil millones de pesetas anuales de sueldo, Deker Jeter, Bernie Williams, Jason Giambi y Gary Shefflied. Más o menos, a mil millones de Alex.
