Sin Zidane no hay sorpresas
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La gran pregunta era si alguien en el Real Madrid tendría valor para hacer olvidar a Zidane. La respuesta fue evidente: No. Ni Guti ni Beckham, por más que ambos están en un notable momento, pudieron suplir la capacidad del francés para dar esa pincelada diferencial en un partido tan igualado. Porque cuando dos equipos son parejos, lo que desnivela la balanza es el talento. Y a día de hoy nadie es capaz de inventar fútbol como lo hace Zizou. ¿Qué sucedió? Pues que el Valencia supo navegar y bloquear a un enemigo muy previsible. A Guti, que estuvo correcto en el corte y el toque, pero nada más; y a Becks, que se perdió en terreno de nadie. No es que el doble pivote fallara, no. Es que cuando está Zidane en el campo, el Real Madrid es de muchos colores.
Fácil, por lo tanto, el trabajo de Baraja y Albelda, dos colosos anónimos. La pareja pisó por el eje central del campo como el caballo de Atila. Presionaron, robaron, asistieron a sus compañeros y desquiciaron al enemigo. No se llevaron sorpresas, más que alguna aparición espontánea de Figo, y otras más osadas de Ronie, que no está para esas peleas de hombres con piernas muy ágiles. Por aquí fundamentó el Valencia su estabilidad, agarrado por atrás en Ayala y por delante en Aimar. Tuvieron todo bajo control. Benítez estuvo a punto de cobrarse la factura de la Copa con una victoria sonada. No lo reflejó así el marcador, pero el técnico puede presumir de manejar un equipo tácticamente disciplinado y con las ideas muy claras. El Valencia metió mucha caña al Madrid, como estaba previsto en todas las quinielas.