Con banquillo extranjero
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Tiempo habrá de analizar esta final decidida con el error del meta marroquí Fouhami, que por fin eleva a Túnez a la cima del fútbol africano y confirma la necesidad de técnicos extranjeros para triunfar en África. El francés Lemerre recoge el testigo del alemán Schaffer y hace justicia a la historia. Túnez fue la primera selección africana en ganar un partido en un Mundial y desde aquel histórico 3-1 a México en Argentina-78 los africanos han subido como un cohete. Hoy, Túnez es campeón, un poco empujada por unos arbitrajes muy caseros, pero también con un equipo bien estructurado. El central Badra y el trabajador Bouazizi ya jugaban juntos en aquella selección del polaco Kasperzack en Francia-98 y se estrellaron ese mismo año en la Copa de África, pero han tenido continuidad. Badra se perdió la final, pero marcó un gol salvador a Nigeria y terminó como uno de los mejores centrales del torneo.
Lemerre le dio confianza al talentoso Benachour más allá de su eterna suplencia en el PSG, explotó al máximo la baza de brasileño Santos y jugó siempre con la calculadora en la cabeza. El partido de cuartos ante Senegal, un ejemplo de cómo se anula al rival. Ganó con lo justo la semifinal a Nigeria y la final a Marruecos, y ahora festeja un torneo que ha tenido detalles muy positivos.
