Yo digo Juanma Trueba

Ahora llega su momento

Actualizado a

Conversaba una vez con un amigo y discutíamos quién era más importante para un equipo, si Raúl o Ronaldo. Si te gusta el fútbol este tipo de debates son deliciosos, hasta el punto de que no es necesario ni tener razón, tantas son las ganas que tienes de hablar sobre ello, de argumentar y rebatir, de fingir indignación, de emocionarte, de jugar. Después de varias horas pactamos, gracias a una pequeña renuncia por ambas partes, que Raúl era más determinante en una Liga y Ronaldo en un Campeonato del Mundo, en una final del tipo que fuese y en una fiesta de Nochevieja, que, por otra parte, no deja de ser una final.

Creo que fue un buen pacto, tal vez porque yo no estaba seguro de tener razón. En cualquier caso, entiendo que esa definición de Ronaldo como jugador fundamental en el momento decisivo describe la mejor de sus cualidades. Porque su principal mérito no es su capacidad innata para meter goles (otros la tienen), ni para hacer cosas asombrosas (otros las hacen). Su mayor virtud es hacer todo eso en el momento en el que es más necesario, cuando todo es un infierno, cuando parece imposible, cuando los demás sufren y se aterran, cuando se encogen, demasiada presión, la responsabilidad infinita, tantas esperanzas en nuestras manos. Entonces surge Ronaldo. Y marca tres goles en Manchester. Y juega lesionado en Turín y provoca un penalti que pudo valer la clasificación. Y mantiene con sus goles al Madrid en la última recta de la Liga. Y vuelve a marcar en el último partido, contra el Athletic.

Noticias relacionadas

Eso es Ronaldo y eso le convierte en único, en el rey. Y eso no tiene nada que ver con el peso ni con la velocidad. Lo que le hace mejor es algo que está en su cabeza, algo que le impide sentir miedo y le lleva a transformar los dragones en desafíos. Nos gusta decir, nos divierte, que esa inmensa cualidad nace de su absoluta inconsciencia, de su corazón de niño grande, de su espíritu silvestre. Justificamos así sus sonrisas eternas, las chicas y las fiestas, y alimentamos, de paso, al monstruo verde de nuestra envidia.

P ero tal vez no sea todo tan espontáneo. Tal vez Ronaldo haya decidido, simplemente, ser feliz. Y eso no es silvestre, sino filosófico. Si yo fuera tan buen futbolista es posible que me aplicara más en los partidos importantes, lo admito. Incluso es fácil que se me viera en algunas fiestas. De lo que no me cabe duda es que no perdonaría el arroz con leche de mi madre, ni las natillas, eso ni loco.

Te recomendamos en Polideportivo