Ottey burla las normas con la legalidad
Merlene Ottey, si no se hubiera nacionalizado jamaicana, no podría ver cumplido su sueño de participar en sus séptimos Juegos Olímpicos, lo cual, salvo que alguien demuestre lo contrario, no tiene precedentes. En Jamaica había mucha competencia y hace tiempo que dejó de estar entre las tres mujeres más rápidas de su país. Esto le apartaba definitivamente de la alta competición, puesto que a los Juegos y a los Mundiales sólo pueden ir tres atletas por país. Por eso se buscó uno de adopción que le permitiera seguir compitiendo. No para ganar medallas, pero sí para establecer otro tipo de récords en cuanto a perseverancia y longevidad.
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Podría interpretarse esto como una argucia que respondiera sólo al deseo de satisfacer una ambición personal. Pero ella lo único que hace es hacer uso de la legalidad vigente para contrarrestar unas normas al menos discutibles. Resulta que a unos Juegos y a unos Mundiales no van los mejores atletas del mundo. Si fuera así, ella estaría en Atenas independientemente de su nacionalidad. En las competiciones de alto nivel se admite la inscripción de hasta 64 corredoras y ella fue el año pasado la 35ª mejor del mundo.
Debía de tener, por tanto, acceso directo, máxime cuando su marca de 11.22 está ocho centésimas por debajo de la mínima olímpica. Pero esa norma de tres atletas por país en cada prueba limita la participación de muchas buenas corredoras. A cambio, entran otras de nivel paupérrimo, pues cada país tiene derecho a inscribir un deportista, sea cual sea su nivel, en una sola prueba. La mayoría elige los 100 metros, para que la diferencia no se haga tan escandalosa. Y así en el atletismo vemos musambanis de la velocidad que tardan 13, 14 y hasta ¡18 segundos! en hacer la distancia. Para eso, la verdad, mejor que corra Ottey, independientemente de la bandera que figure en su camiseta, que jóvenes invitadas para permitir al Comité Olímpico Internacional presumir de Juegos universales.
