Misión cumplida

Fue bonito mientras duró. El Alavés soñó con la final y el pasaporte europeo, pero se estrelló ante su principal carencia: la falta de pegada. Vitoria es una ciudad acostumbrada a las grandes gestas. Quizás por eso ha vivido con bastante naturalidad esta semifinal. No queda tan lejos aquella final de la Copa de la UEFA contra el Liverpool en Dortmund.
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Sin embargo, los jugadores de Mel deben sentirse orgullosos por la labor desempeñada. No siempre un Segunda llega tan lejos. Lo importante ahora es saber si tantos compromisos entre semana pueden conllevar el perder de vista el auténtico objetivo: el ascenso. Habría resultado casi ridículo disputar competición europea tras recibir en Mendizorroza, con todos los respetos, a un recién ascendido de Segunda B.
La Romareda había sido tradicionalmente un campo propicio para el Alavés. Y más en concreto, para el catalán Rubén Navarro. El año pasado los de Mané sacaron del torneo del KO a los maños y hace dos, en Liga, el conjunto vitoriano también se impuso al de La Romareda. Entre los dos encuentros, cuatro goles de Rubén Navarro. Ayer, como el resto del equipo, apenas gozó de oportunidades para desnivelar la balanza y alcanzar el milagro. Pero la auténtica fiesta tiene que llegar en junio.