Yo digo Juan Salas

¿Cantidad o calidad?

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Ser entrenador de fútbol es algo muy complicado, a tenor de lo difícil que resulta manejar un colectivo de gente cuya edad no transcurre en consonancia con el dinero que ganan, la admiración que despiertan y las continuas tentaciones que experimentan por parte de una vida que parece sonreírles en demasía. Pero por mucha táctica que estudien, por mucha intuición que atesoren, por muchos conocimientos que hayan asimilado durante su formación, hay una máxima inquebrantable para todos: que siempre jueguen los buenos.

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Esta perogrullada a veces es difícil de sostener. Estoy convenido que casi todos ustedes, si presenciaron el domingo por la tarde el partido del Betis en El Sardinero, hubieran deseado darle un contundente banquillazo al indolente Joaquín, a la vista de su nula aportación en los 90 minutos de juego.

Pero qué verdad aquella de que, según el dicho de la calle, únicamente quien tiene el duro puede cambiarlo. Sólo los futbolistas buenos son capaces de estar donde tienen que estar, pegarle con la pierna contraria y ganar un partido imposible en el minuto 94. Eso, justamente, lo hizo Joaquín. El debate eterno entre cantidad y calidad, aunque cuando al portuense le da por aunar ambas facetas, el bético suele sufrir bastante menos...

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