La audiencia no sólo pide fútbol
Un chaval de 17 años, de nombre Rafael Nadal, que comenzamos a saber de él porque es sobrino de Nadal, el futbolista del Mallorca, antes del Barcelona y de la Selección, ha entrado de repente en nuestras vidas. Es un chaval que tiene carisma. De otra manera no se entiende que sea capaz de sentar ante la televisión a más de un millón y medio de personas por mucho que nos jugáramos la continuidad en la Copa Davis. Una media de un millón y medio de telespectadores es una barbaridad en un partido de tenis, porque ya es difícil tener enganchada a la audiencia durante 2 horas y 39 minutos, que es lo que duró el partido de Nadal.
Noticias relacionadas
El chaval, además de carisma, tiene talento. Es decir, no se trata de un jugador cualquiera. Lo mismo se decía de Ferrero años atrás y ya hemos visto hasta dónde ha llegado. Últimamente nos salen muchos genios. El caso de Fernando Alonso aún está reciente. El asturiano es otro fenómeno de masas que el año pasado sentó a más de dos millones de personas ante la televisión. Algo impensable tratándose de un deporte que nos resultaba tan lejano como la Fórmula 1. Como también era inimaginable que un jugador español, Pau Gasol, pudiera convertirse en titular de un equipo NBA y disputar 214 partidos consecutivos, que son los que lleva.
La aparición de estos genios enriquece nuestra cultura deportiva y amplía la oferta televisiva. Es algo gratificante y prueba de que no todo es fútbol, como parece. No tiene más que irrumpir un chaval con ambición, con talento o con carisma para que la audiencia lo vea y lo agradezca. Deportes determinados van creciendo así a impulsos de chavales que derrochan osadía y que contagian ilusión y entusiasmo. Por eso hay que cuidar la cantera como si en ello nos fuera la vida. Quien no lo haga está muerto. Y es por ello que atletismo y natación han encendido sus alertas. Cada año presentan menos júniors a sus competiciones, y sin siembra no habrá cosecha.
