Tenis | Copa Davis

El día del futuro

España dio la vuelta a la eliminatoria ante Chequia en una memorable jornada. Feliciano López y Rafael Nadal dieron sendas exhibiciones de carácter y juego

<b>UNA PIÑA.</b> Arrese, Feliciano, Nadal, Robredo y Avendaño celebran la clasifi cación para los cuartos de fi nal después del gran triunfo del mallorquín sobre Stepanek.
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

Siempre hay un shock en ver cómo explota el túnel del tiempo. En días como éste, hasta finales del siglo XX, dos pobres muchachos españoles hubieran caído honrosamente apisonados por sendos tractores-batidoras checos. De regreso a España, triturados, los pobres chicos hubieran balbuceado las excusas de siempre: "Es que esa pista es para herejes luteranos, es que esas bolas estaban pinchadas, es que esos tíos son muy grandes, collons".

Así pasaba, así pasó: no ahora, no en el año 2004, no en el siglo XXI. Nos produjo shock y una surrealista confusión nostálgica a los que hemos visto a tantos atletas españoles pasados por el acero

de la superioridad física de "ellos": los gigantes de Centroeuropa. Porque sobre el infi erno blando de moqueta, con el cielo cobrizo a punto de estallar en nieve, los gigantes eran los españoles. El atleta de físico soberbio que sacaba trallazos zurdos a 220 o más kilómetros por hora se llamaba y se llama Feliciano López, y ese Toledo y del Real Madrid. Para desayunar, el ‘Felipanzer’ Feliciano devoró a un checo de 18 añitos, Tomás Berdych: que también mide 1.92 y juega a hockey sobre hielo, no crean. Vaya perchas.

Y un niño descarado y zurdo de 17 años, con el talento agresivo de Hewitt, sentenció a los checos. No a uno, sino a dos: a todos. El niño, Rafael Nadal, es tan mallorquín como su tío, ex central de la selección de fútbol. Pero el niño, que mide 1.85, hartó de correr el viernes a Cabeza Plana Novak y lo dejó para el arrastre.

Lesión de Novak. Ayer, cuando los checos se las prometían muy felices, Cabeza Plana dijo que las tuercas de su cojinete o gemelo derecho estaban para el arrastre: como le pasó en Madrid con Agassi, en 2002. Por culpa de Nadal, Novak dejó paso a Berdych, al que Feliciano tiroteó con una descarga de saques entre 210 y 220 kilómetros por hora, más algunos remates que descolgaban la bola de los focos. Nadal había dicho a Feli: "Por favor, gánale a ese tipo, porque si tú ganas, la eliminatoria es cosa mía".

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Así que Stepanek, otro osezno checo con nombre de esparto, se topó con un joven demonio híbrido y ambulante que devolvía bolas en carrera con gritos que eran pinturas de guerra: "Vaaamos, tooma". Y, horror: "Y eeessso". Pero lo que sufría Stepanek no era la Pantoja de Puerto Rico, sino algo peor: Nadal, el verdugo de los checos en Chequia.

Stepanek tenía los ojos abatidos del soldado que en su primer combate ve saltar brazos y piernas desmembrados. ¿Qué clase de demonio corría por esa moqueta roja? En sendos tie breaks de acero refi nado, Nadal acogotó a Stepanek, que se dobló un tobillo, tenía calambres, y que en el tercer set no pudo con su alma de tornillo. Fue el invierno de las máquinas checas, derretidas por los gigantes españoles, sin Ferrero y sin Moyá. Del doble no hablamos hoy. Fue doble contra sencillo: le ganamos al túnel del tiempo.

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